La lección del olvido

Posted in Uncategorized on 9 abril 2018 by Luis Daniel

Te fuiste una mañana de invierno cuando los días eran fríos. Admito que desde otoño sentí que me abandonabas y los días perdían calor. Tu sonrisa perdió radiancia y tus ojos  por mí ya no tenían brillo.

Al irte te llevaste consigo todo lo que pensé era mío. Resulta que no lo era pues te lo llevaste y no puse condición, protesta o resistencia. Te llevaste mis rutinas diarias de amarte, mis manías compartidas.

Me dejaste con un desasosiego horrendo, un vacío en la oscuridad imposible de llenar sin tu presencia. Una furia silenciosa que se escondió entre las nubes que miraba para escapar de tu tormento. Y una sensación de soledad que se ha convertido en mi calma.

No negaré que te he extrañado, me haces falta y te recordaré por algún tiempo con alguna frecuencia. A medida la vida pasa el recuerdo se vuelve relativo y sólo queda aquello que valió la pena.

Tuvimos momentos bonitos en un tiempo espantoso, es por eso que lo nuestro llegó a su fin. Nos alimentamos de nuestra energía, en un frenesí que destruyó nuestras limitaciones. Sin embargo no limitó separarnos.

Compartimos un verano fugaz, nuestro calor se hizo fuego y ardimos. Fuimos niños y fieras en un Edén antes de la caída buscando derrotar el bosque inmaculado. En tus entrañas creí hallar la paz y en el bauprés de mi navío navegaste el infinito.

Pero mira que el amor no es suficiente, el afecto no llena las arcas del deseo. Hay cosas que no supe darte y tu me diste sin caprichos. Amor a medias, afecto en la desdicha, fruto de la incertidumbre, cosecha de un fracaso.

Entiendo que te hayas ido, supe desde antes de conocerte que te irías. Confieso que no estaba preparado para tu partida, quizás nunca lo habría estado. Hasta sé cuando fue el momento que decidiste tu salida, tu manera de redactar preguntas es muy particular.

Lo sé pues te conozco, o al menos creí conocerte, compartimos mucho en esos años. “Ve y recupera lo que es tuyo” me dijiste, pero si ya lo tengo todo. Lo que quisiera recuperar es aquello que no es mío y robaba a la vida.

Y esas últimas palabras en aquella mañana de invierno se quedaron conmigo, grabadas como cincel a la lápida. Recuperé lo que es verdaderamente mío: la soledad, mi universo personal, el hombre taciturno que sonríe.

Te imagino en la calle, te confundes entre la gente y a veces realmente eres tu. Pero ya no mi cielo azul. El viento se ha llevado tus nubes a otra parte a dar sombra en otro horizonte y con tu lluvia florecerá la vida como antes los campos de mi afecto.

Yo seguiré aquí, sonriendo, tomando un café a la nostalgia de un mundo que ya no es. Recordando que el amor es un juego de “Fair Play” donde no importa el ganador sino que se juegue bonito. Y entendiendo que lo que nuestro nunca debió ser, pero fue bueno.

 

 

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Pensando en Hawking a través de Feynman

Posted in Uncategorized on 14 marzo 2018 by Luis Daniel

Desde recibirme Biólogo me he considerado un científico pues he repetido enunciados e inclusive escrito algunas cosas. Sin embargo he sido invadido por un sentido de arrogancia, lo que me ha convertido en un pésimo científico: prejuiciado, poco objetivo y  descartado opiniones valederas por personas a quien no estimé “de ciencia”.

12 años estudiando aves, he aprendido sus nombres, su historia natural. Pero bien, no he construido conocimiento, he sido un intérprete y un transmisor de conocimiento mas que un creador de conocimiento. Feynman comenta: “Ves este pájaro, me decía, es un tordo de pecho café; pero en alemán se llama Halzenflugel, y en chino se dice Chung Ling; y aun cuando conocieras todos los nombres que se le dan no sabrías nada sobre el ave. A lo más, ¡sabrías algo sobre la gente y la forma en que llaman a este pájaro! Pero este tordo canta, enseña a volar a sus pequeños, recorre tantos kilómetros durante el verano y nadie sabe cómo se guía, etc. Hay una diferencia entre el nombre de una cosa y lo que ponemos dentro de éste”. Quizás sí he construido sobre la construcción de otra cosa. Quizás tantas cosas.

Estimo que en Honduras existen “escuelas de pensamiento” en las ciencias naturales, siendo una de las que mejor conozco: la escuela autodidacta de la UNAH con su conocimiento hermético, heredado solo a un selecto grupo de matriculados que rinden pleitesía a sus maestros, quienes enfrascados en una crítica de la crítica han estancado el progreso de la ciencia a través de un inmenso prejuicio y desacreditación a cualquier esfuerzo científico que no haya sido realizado por ellos o sus adeptos. Siendo así, que uno de los principales rasgos de esta escuela es la poca producción científica producto del temor a la crítica de sus propios maestros y colegas. De esta  manera, muchos iniciados en esta escuela de pensamiento la abandonan y persiguen el conocimiento por su cuenta con una mayor pauta de éxito.

Con el tiempo me he dado cuenta que la ciencia para ser transmitida debe ser comprendida. De esta manera, el concepto debe enseñarse tácitamente pero al mismo tiempo interpretarlo con el estudiante para que este lo asimile en su realidad y pueda aplicarlo a su contexto inmediato y pueda cambiar su manera de pensar y con ella la realidad. El maestro puede servir mejor a sus estudiantes enseñando a superar el temor a la crítica, a superar el error con gracia y a tener humildad. El buen científico debe tener humildad en su espíritu.

Y la humildad es lo que muchas veces nos resta ¿Qué cualidades hacen a un buen científico? Seguro que La paciencia y la observación, pero además la curiosidad, ser solícito, práctico, positivo, tenaz pero sobre todo humilde para aceptar que todos saben algo que él no sabe y que lo poco que él sabe debe transmitirlo a la humanidad para mantener el conocimiento en movimiento y creación. La ciencia y el conocimiento que no se transmite se pierde. La ciencia no es sociedad secreta donde los Iniciados son dignos de recibir el conocimiento.

Stephen Hawking acaba de morir y no solo era una mente brillante, ¡era un divulgador científico! Algo similar a un maestro, si bien mantenía la Cátedra Lucasiana en Cambridge, pero tuvo esa capacidad de transformar su breve historia del tiempo en un libro para niños pues estimaba que los niños deben entender esto para que la humanidad trascienda. Los ojos me lloran no solo por la partida de un genio sino por el tiempo que desperdiciamos en “habladuría, prejuicio, difamación y chismorreo” cuando hay tanto por hacer para construir un mundo mejor compartido para todos en conocimiento y armonía. Maldición ¡Cuanto tiempo he perdido!

Al interpretar que debo dudar de todo lo que mis maestros me enseñaron para poder interpretarlo y comprenderlo. Siento una enorme tranquilidad pues lo he hecho durante años y lo que he logrado es que mis maestros me desprecien y lo tomen como falta de respeto a sus cátedras. Ahora entiendo que no es mi culpa, es la escuela de pensamiento la que nos hace fallar. Vivimos bajo un concepto académico que el estudiante no supera al maestro y únicamente divorciándose de este puede comenzar un proceso de superación. ¡Qué manera más espantosa de formar criterio, destruyendo los eslabones que deberían fortalecerse para hacer ciencia!

Hace unos meses, tuve el privilegio de servir un taller de dos días sobre las ciencias de la tierra en donde intenté transmitir desde el big bang hasta la actualidad en un lenguaje muy ameno. Explicaba a la audiencia que por instinto y raciocinio, todos somos científicos pues nos asolan la curiosidad y las preguntas. De esta manera les reté a cómo probar el ¿Por qué nunca vemos el lado oscuro de la luna?. Después de transmitirles un par de conceptos sencillos sobre rotación y traslación, dejé que ellos construyeran sobre esta premisa, tras varios intentos y errores, lograron construir un modelo en el cual demostraron utilizando una linterna de celular y 3 participantes de la audiencia haciendo de sol luna y tierra.

Pude ver en la audiencia la fascinación del conocimiento en sus miradas, sus neuronas procesando algo que ellos forjaron con sus cerebros. Les dije: Pueden verlo, así como ustedes hoy hicieron  un experimento científico  a partir de algo que desconocían, así cada día es una oportunidad para descubrir los misterios del universo. Fue un bonito día.

La ciencia nos es innata. La educación mal orientada destruye al científico ya sea por una instrucción mecanicista o por maestros que no supieron enseñarnos humildad y ética. Queda entonces motivar al estudiante a que escuche con prudencia, discuta con respeto y construya con libertad y sin temor a encender la ira de su maestro. La ciencia que aprendimos no es la misma que debemos transmitir, los conceptos son los mismos, pero la manera de interpretarlos será labor del estudiante, no es nuestro criterio el que este debe aprender, debe conocer nuestra manera de pensar para que tenga un asidero desde donde partir, pero nunca obligarlo a que lo adopte. La ciencia crecerá con un nuevo paradigma que el estudiante plantee, nosotros construimos el nuestro.  A modo de cierre deseo citar al maestro Yoda a través de una frase que viene buscando hogar en mi cabeza desde diciembre del 2017:

“Heeded my words not, did you? Pass on what you have learned. Strength, mastery. But weakness, folly, failure also. Yes, failure most of all. The greatest teacher, failure is. Luke, we are what they grow beyond. That is the true burden of all masters.”

DG 14/3/2018 … Hawking regresó a las estrellas.

Domingueando a través de la Ciencia

Posted in Uncategorized on 13 marzo 2018 by Luis Daniel

Hace unos 300,000 años en una localidad del actual Marruecos un hombre no tan moderno, pero muy similar a nosotros, manejaba con pericia dos pedernales chocándolos uno contra otro produciendo chispas que  al impactar con materia vegetal seca producían llamas. Es casi palpable que “el primo” no estuviese enterado de los procesos intrínsecos relacionados a la fricción, calor, combustión y oxidación, pero es garantizado que el fuego disipaba el terror a la oscuridad, al Sisimite original, brindaba buen sabor al alimento y generaba  un ambiente familiar a esas “barbacoas prehistóricas”.

Es necesario estirar un poco la especulación imaginativa y comentar que en el ínterin de esas reuniones se amalgamaron los rudimentos del lenguaje, se compartieron ideas sobre la mejora de las puntas de lanza y por qué no decirlo, hasta se decidió que la carne término medio es más agradable al paladar. Aprecie el lector que todas estas innovaciones se originan alrededor de un evento y es el fuego; es muy posible además que alrededor del fuego se ideó la concepción de Dios como un regalo de los cielos. Con un poco más de imaginación podemos ver las concepciones originales de la no-ciencia que se asociaron a explicaciones celestiales y se convirtieron en la religión como un esfuerzo por darle una explicación a la realidad, pues necesitamos saber qué es lo que está pasando y un creador benevolente es muy práctico para que todo encuadre.

Muchas cosas han pasado desde el regalo celestial de las llamas hasta la separación del átomo para producir una energía controversial. Somos simios quemando dinosauros extintos para mover máquinas. La curiosidad nos ha hecho saltar paradigmas y salir del planeta y clavar una bandera en la luna, la que extrañamente se mueve en aras del comadreo de los conspiradores “anti ciencia pro tierra plana”. Es esta curiosidad la que hace miles de años después, al inventar la esclavitud,  nos dio el tiempo para preguntarnos las cosas puntuales de la realidad.

Viene entonces Thales de Mileto y asegura que toda la materia viene del agua, quizás no toda la materia, pero su argumento se amolda bien a la aparición de la vida en la tierra. Este tipo de argumentos generados a partir de la discusión con otros hombres de ¿ciencia? Sirvieron como base para explicar la realidad por miles de años. Y poco a poco preguntándose cosas se formaron los primeros enunciados matemáticos, teoremas y descripciones del universo.

En el consenso de esos miles de años algunos oportunistas y saltimbanquis deciden que es buen negocio hacerse pasar por místicos recipiendarios de los misterios de Babilonia o herederos iniciáticos del hermetismo arcaico o que se yo. Y es a partir del conocimiento que ya existe que comienzan a generar sus propias filosofías que no son replicables de manera cuantitativa, son falibles en exceso, subjetivas y basadas en la credulidad de las personas. Pero estas elucubraciones tienen en común con la “ciencia” en que generan información, colegian personas y juntan evidencia empírica de manera paralela a los filósofos y naturalistas creando la Pseudo-ciencia tanto por entretenimiento como remuneración.

Un par de milenios pasan y de tanta tradición “científica” y el sazón de una eliminación sistemática de dioses antiguos llegamos a la Europa de la edad media en donde un personaje  con nombre de sonda espacial alega que la tierra no es el centro del universo sino que de lo contrario parece ser que es el sol el centro de algo, pero en definitiva la tierra no. Entre los prejuicios dogmáticos y la relevancia de la evidencia al estilo, “No estás equivocado, quizás tengas razón, pero de momento la biblia me dice que mi punto de vista es mejor” damos un salto en los arquetipos del pensamiento.

Quizás aquí en 1633 con Galileo nace la ciencia en un verdadero acto de rebeldía contra el sistema, intentando que la realidad no se circunscriba a un criterio específico y evitando que los prejuicios nublen el intento. Preguntarse será justo entonces, ¿cuantos Proto-científicos ardieron en el fuego que alumbró a Homo erectus  ante este relativismo prejuicioso? Pero seguro que están en el cielo, seguramente no de los dioses antiguos, pero en el cielo al fin.

Es curioso que en pleno siglo XXI en donde tenemos la información literalmente en la palma de la mano existan aun prejuicios inquisidores y mentalidades pre-científicas  tan cerradas como oficinas de gobierno los domingos. Este tipo de argumentos cavernarios son los que desmotivan a la humanidad a la ciencia y quizás sea la razón por la que los extraterrestres no nos contactan sirviendo de punto de partida para la ruptura de ese esperado paradigma religioso. La ciencia no es relativa, no hay escalas sepias o grises. Es o no es… hasta que se demuestre lo contrario claro está.

Hace unos 200 años creíamos que la cosa más pequeña eran los bichos, de repente aparece Dalton y aporta que existen átomos y por algunos años estuvimos satisfechos pensando que Demócrito estaba en lo cierto desde tiempo atrás y fuimos felices. Años después dilucidamos que el átomo se podía partir y ¡Sorpréndase! Ahora fuimos los dioses a los que Homo erectus agradeció años antes por bendecirle con el fuego.

El lector acucioso habrá visto que detrás de todo este sartal de ideas e invenciones existe una transición, tranquilidad, incomodidad y transición. Quizás la ciencia es una cosa inquieta que necesita reinventarse cada tanto a lo Madonna. La ciencia aborrece el  argumento de “mejor malo conocido que bueno por conocer” y eternamente se cuestionará sus principios y fundamentos hasta que la humanidad pueda hacer cuadrar esa teoría del todo que tanto ansía.

Y vamos a llegar a ella, más allá de la teoría de cuerdas, llegará un momento que la teoría de cuerdas se enseñará como hoy se enseña el teorema de Pitágoras. La ciencia genera preguntas, resuelve problemas; y a más ciencia, mayor resolución de problemas. Pero para lograr este cometido debemos machacar las hipótesis una contra la otra a lo pedernales prehistóricos para que sus chispas generen teorías. Una sola hipótesis no forma una teoría y se puede cometer el error de Morton y producir aberraciones del racismo científico dictando que el volumen del cerebro es mayor en algunos grupos humanos que en otros. Quizás debemos dejar un espacio constante para la imaginación pues ocasionalmente la ciencia ha fallado y la Pseudo-ciencia ha acertado. De todo hay en la viña del Señor de la Ciencia.

El Propósito de la Educación en la Biología a Nivel de Pregrado

Posted in Uncategorized on 12 marzo 2018 by Luis Daniel

El 23 de abril del 2008 me recibí como licenciado en Biología con énfasis en Botánica, el énfasis no fue establecido debido a una omisión administrativa de las que en Honduras se dicen “error de dedo” alegre fue en todo caso que en mí cartón no describieron algo peor; de cualquier manera trabajo muy poco con plantas en el día a día. Siendo así que dentro de la biología profesional mi charco es la Ornitología, todo lo que tenga que ver con las aves me entretiene y llena el espíritu de una sensación de asombro.

Ahora bien, en unos días cumpliré 10 años de este peregrinaje profesional, dentro del cual he tenido la oportunidad de realizar una variedad de actividades y la gracia de poder ejecutarlas con un apreciable grado de efectividad, siendo mis faltas asociadas a la convivencia humana. Han sido 10 años en donde he apreciado la problemática ambiental y social de Honduras y dependiendo del ámbito y circunstancia he intentado mediar hacia una solución efectiva para todos. El biólogo es entonces una criatura que debe navegar por aguas de distintos mares.

Es decir, al entrar a la escuela de Biología pensé que salvaría el mundo, las ballenas y sería un científico de renombre. Ideas revolucionarias con ojos pispiretos de un jovencito confundido. A medio camino en mi formación ya la idea de salvar el mundo se iba haciendo más complicada y al momento de mi graduación, la idea de graduarme era una sensación de misión cumplida en sí misma. La biología es tanto ciencia como  conservación y el estudiante se ve enfrentado a tomar decisiones arbitrarias para salir adelante.

Por un lado, deseamos ser científicos, descubrir formas de vida y ser famosos (pues el ego es alimentado dentro del currículo oculto de la Escuela) sin embargo el campo para la ciencia es corto y la formación en ciencia pura es igualmente escueta. Al biólogo se le forma para ser un manejador de recursos naturales y vida silvestre. Admito que con el conocimiento ofertado cada quien hace lo que desea y es a partir de la motivación personal que las estrellas son alcanzadas acorde. Pero la necesidad de vivir en un mundo incierto llevan a trabajos relacionados con el manejo y la conservación (pues estos son más comunes) que con la ciencia pura (los cuales son complejos de encontrar).

La ciencia es algo que me gusta, en particular los Dinosauros y por ende las aves es la siguiente mejor opción y he buscado las maneras de hacer cosas novedosas pues no soy innovador sino que rebelde. Han sido 10 años de hacer ciencia participativa, término que no conocía hasta que lo acuñaron en la Universidad de Cornell. Sin embargo, han sido 10 años “aprendiendo a desaprender” que no solo el científico acreditado es un científico. Hay simples mortales que son más científicos de renombre que biólogos profesionales de poca monta (A quienes no les sucedió la omisión administrativa). Esta instancia me ha hecho perder una variedad de amistades a través del tiempo y por qué negarlo, aun lo hace. Pero como dije, es un proceso de desaprender y aprender.

Así que resumiendo mi vida profesional y la problemática del país puedo decir que: El propósito de la formación en la educación de la Biología debe ser aquel que permita al estudiante comprender que vivimos en un mundo cambiante e incierto en donde se debe trabajar de manera colectiva con la población en aras de cambiar el paradigma de producción. Es dar ese salto del “ser más es tener más” al “ser más es tener menos… y somos más a través de la educación”. El biólogo debe convertirse no solo en el “ambientalista” o “conservacionista” (pues de esos hay muchos) que critican la ya machacada crítica sin dar una solución más allá de “no se puede hacer”. Esas actitudes de cerrarse ante el progreso nos tendrían aún en las vísperas de la civilización dilucidando si germinar semillas sería productivo y así inventar la agricultura.

La Escuela de Biología recientemente realizó un cambio en su plan de estudios en donde abrigan un nuevo concepto de orientaciones en el currículo con varias aproximaciones contexto-específicas al desenvolvimiento profesional para que el biólogo navegue con mejor viento las aguas de su profesión. Sin embargo, el salto generacional de generación X instruyendo millenials es presto para que paralelo a la modificación del plan de estudio, se rompa el modelo del positivismo hacia la gestión ambiental y desarraigar el conductismo en las asignaturas del plan de estudio (conductismo y positivismo estoy seguro con conceptos que el biólogo asociará con cargas eléctricas que con pedagogía… pero aquí estamos). Y sobre todo, debe cambiarse el currículo oculto, ese que es oculto por que no se dice pero se siente en el ámbito profesional a diestra y siniestra y que es aplicable a todas las ramas profesionales. El ego, la envidia, el favoritismo, la difamación. El biólogo del siglo XXI debe ser la luz de la esperanza para un planeta sumido en la incertidumbre, debe dar soluciones cuando todos ven problemas. Y el biólogo del siglo XXI debe ser capaz de trabajar en equipo y armonía con otros profesionales y en especial poder compartir en paz con sus cófrades.

Este salto se dará a través de la construcción de estudiantes y maestros. Será un proceso largo estoy seguro, pero si comienzan mañana estaremos más cerca de lograrlo que ayer. Todos somos parte de la construcción de un mundo mejor cambiando primero nosotros y siendo el cambio que deseamos ver en la humanidad.

DG- 9/III/2018

La ignorancia en tus pasos

Posted in Uncategorized on 16 febrero 2018 by Luis Daniel

Hace muchos años tuve la oportunidad de visitar un sitio recóndito y aislado del país en donde sus habitantes se dedican a la ganadería bovina. En ese tiempo, se podría decir estaba en el cénit de mi trayectoria como ornitólogo de campo con toda la arrogancia, pomposidad, inseguridades y estupidez que el título ostenta.

Siendo este el escenario, tuve la oportunidad de compartir con un par de muchachos que realizaban sus faenas diarias con el ganado. Llegado el momento se me pidió asistirlos amarrando una vaca a un cerco y de esta manera ordeñarla. Actividad que fue desarrollada al mejor de mis capacidades, las que desgraciadamente fueron cortas de llegar a mediocres. La vaca se soltó, la leche se derramó; siendo el invitado, el reproche no pudo ser para mí y ambos jóvenes se ganaron un rapapolvo. Me sentí ligeramente culpable sin darle mayor importancia pues, la ganadería y el trabajo de mozo no era mi expertise en la vida.

Llegada la noche, con sus croar de ranas y grillos añorando el mar, acostado en una hamaca dispuesto a dormir, pude entrometerme sin ser visto en una conversación de estos jóvenes con un amigo en común. Abiertamente se reían y criticaban mi falta de pericia fundamental en hacer un nudo y jocosamente narraban una y otra vez como la vaca con su agudeza de semoviente abandonaba el sitio derramando la leche. Sus risas ante mi deficiencia en anudar me llamaron la atención.

Por años ponderé este evento, el conocimiento es algo muy frágil. Mi expertise en la biología puede tener una utilidad en todo escenario ya sea en ciudad o provincia. En esa instancia, mi conocimiento no sirvió de nada pues mi forma de pensar era la equivocada en ese momento. Concluí que en circunstancias particulares mi conocimiento de la biología no sirve para nada, sin embargo poder amarrar nudos, ordeñar una vaca y realizar actividades propia de la agricultura y ganadería permiten al hombre ser autosuficiente.

Me di cuenta que todos saben algo que yo desconozco y que al mismo tiempo lo que sé puedo transmitirlo a aquellos que deseen conocerlo, creando así una sociedad que comparte, opina y piensa de manera colectiva. Con el tiempo y al recordar ese evento me siento ignorante pues he sido un inepto para distribuir mi tiempo y capacidad para crear y transformar. Por fortuna, la vida nos da lecciones y permite que cambiemos el curso y girar en redondo.

Admito que aun no tengo idea en como amarrar un nudo con propiedad, existen únicamente dos nudos en los que me siento capaz y uno es el de mis zapatos. Estoy seguro que de presentarse otra ocasión con una vaca, la experiencia será grata para todos los presentes y tendré la oportunidad de aprender y enriquecer mi vida con el conocimiento del personal de las haciendas.

 

Sobre la Universidad y la Vinculación con la Sociedad (Extensión Universitaria)

Posted in Uncategorized on 31 enero 2018 by Luis Daniel

En la Universidad del siglo XXI, la extensión universitaria es un componente de la formación superior que se ha olvidado, quizás relegado o en el mejor de los casos desaprovechado y desarrollado desde una aproximación equivocada en sus objetivos. Convirtiéndose más en un remedo de dadiva desinformada que una estrategia para la emancipación de las comunidades.

Sin embargo, esta deficiencia en la extensión universitaria presenta una variedad de explicaciones en su actuar. Vale aclarar que son explicaciones y no justificaciones, tomando en cuenta que se está reduciendo la sociedad a una en donde nadie tiene la culpa. De esta forma, la extensión ha perdido su objetivo fundamental de dar comunicación, diálogo y continuidad a la generación de conocimiento. Es decir, la Universidad ha reducido su generación de conocimiento crítico debido a políticas institucionales que han mercantilizado la educación superior; sino aprecie el fenómeno de licenciaturas en menos de cuatro años, eliminación de tesis para obtención de título en pregrado o carreras sobresaturadas de profesionales sin un ámbito laboral donde insertarse.

Debido a estas políticas, el docente universitario se ha acomodado en el seguro espacio de su salón de clase, transmitiendo bajo la sombrilla de la libertad de cátedra el mismo conocimiento compacto y vuelto a apelmazar sin considerar siquiera el cambio de forma de pensar del estudiante, las necesidades sociales de su área inmediata. Ha fallado la actitud crítica de la realidad. Ha cesado el ver hacia afuera del salón de clases  y preguntarse ¿por qué las cosas suceden?

Sin embargo, esta tendencia puede cambiarse casi de manera inmediata, tomando en cuenta que el cambio empieza con cada quien. Es importante mencionar que en muchas instancias el docente no se siente motivado a intentar nuevas cosas debido al acondicionamiento que le permite encuadrarse a una realidad y no moverla. Sin embargo, la extensión junto a la docencia y la investigación son la tríada de la educación superior. Por ende no desarrollar extensión es entregar una formación escueta al estudiante, misma que eterniza el egoísmo, elimina la crítica de la realidad e institucionaliza el mercantilismo de la educación superior validando así las maquilas de licenciados. Es así que se echa a perder una generación que pudo y se debe a la humanidad dar los pasos para trascender en el siglo XXI.

Y si, el cambio empieza con cada uno de nosotros, docente y discente. El docente desde su cátedra desarrollando preguntas concretas que permitan que el discente cuestione su situación y le permita abrir mecanismos en su psiquis que enciendan la crítica de la realidad. Así, juntos maestro y estudiante concretan un plan de abordaje de un problema, formulan una pregunta y emplean la ciencia para resolverlo en compañía y diálogo con la sociedad a quien buscan apoyar.

Porque esto es la extensión: un diálogo, educación verdadera y liberación social. Una extensión que gire alrededor de mantener a la sociedad humillada ante los elevados conocimientos universitarios no es extensión y menos perfil de conocimiento superior. La extensión no es el sometimiento ni domesticación cultural del ente sabio hacia el ignorante que suplica la ciencia. La extensión es emancipar a la sociedad para que a través del conocimiento generado en conjunto se sienten las bases para cambiar el mundo lo más pronto posible.

El tiempo se agota y el cambio de paradigma está llegando en pasos cortos. Es tiempo de remover el cepo de la insensibilidad, generando espacios para la crítica constructiva que lleve a la formulación de estrategias que conecten al discente con la realidad de su entorno y asistidos por el docente formulen y ejecuten acciones en conjunto. Reza un adagio popular “Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la menea”. De esta manera, quien mejor conoce la realidad es aquel quien está inmerso en ella. Hay que mover ese caldo de la crítica y modificar la receta.

2017 de mi vida!

Posted in Literatura Mental on 27 enero 2018 by Luis Daniel

Se terminó el 2017 y he tardado un poco en realizar la respectiva catarsis que ya se ha convertido en tradición de este triste y mediocremente talentoso blog de mierda.

Mientras escucho en youtube el playlist de alguien que no conozco, pondero en retroceso en un año que trajo muchas cosas que el 2016 no pudo producir,no dejo de sentir melancolía pues es dificil no admitirlo, 2017 fue uno de los mejores años de toda mi triste vida.

Y bueno, comenzar por el principio. Comencé un programa de Maestría que si bien me ha servido de repaso para la ciencia de la Biología, al mismo tiempo abrió sectores de mi conciencia que siempre estuvieron ahí pero no estaban definidos o archivados. Conceptos como el mundo Globalizado en inclusión para todos, la Pedagogía de la Esperanza y la solidaridad universal. Siempre estuvieron ahí y ahora me definen, transportan e iluminan el sendero de incertidumbre que me toca transitar.

Y bueno, también en este 2017 por fin perdí del todo la casa que había comprado, una inversión estúpida y una tonelada de dinero desperdiciada por la creación de algunos recuerdos. El verdadero truco de perder gira alrededor de recordar con alegría y no necesariamente si fueron buenos o malos. La vida nos castiga, pero después de la paliza da una lección que nos humaniza y reconstruye. Fue una curiosa aventura hipotecaria que quizás en otra vida o algunos años reintente, espero que con mejores derroteros.

Lo curioso de 2017 es que por primera vez me pude sentir enteramente vivo y consciente de mi fragilidad como ser humano, ya comencé a sentir los embates de la pérdida de juventud y al mismo tiempo la paciencia que llega con la madurez. Ambas reptan en equilibrio como una serpiente sobre la suave grama de la realidad. Disfruto mi vida, conocer personas (algunas no me agradan tanto) pero en general, conocer nuevos puntos de vista nos hacer crecer.

Sin embargo 2017 me ha quitado cosas, recuerdos que no serán de nuevo, instancias que no concluí y retos que aparentemente no fueron míos del todo. Sin embargo, agradezco el tiempo que tuve esos retos y el recuerdo que me dejan, si bien al escribir estas palabras son amargos como el Gifiti… pero vaya que me emborracharon en su momento. Por esos momentos, recuerdos y retos a medias, gracias.

Y francamente, no veo la necesidad de plasmar todo mi año en este papel digital a bitácora electrónica. Solo sepan que la vida es hermosa. Cada día es un regalo, cada persona que se cruza en nuestra vida es una oportunidad de reconstruirnos y ayudarle a construirse. Y es en esta solidaridad que hacemos de este mundo un lugar mejor. Extrañaré 2017, pero tengo el resto de mi vida para reproducir todo lo bueno y encontrar de nuevo en otra forma, en otro espíritu, en otro juego todo aquello que dejé atrás y quiero encontrar de nuevo.

2018 se ha presentado con retos inconmensurables, pero si algo se es que “si fuera fácil cualquier lo fuera”, ser Danny Germer no es sencillo, pero nadie puede hacer mejor de mi mismo que yo. El recuerdo de un mundo mejor que construí como precepto de vida en 2017 me llevará conquistar estos retos y será así que encontraré ese nuevo Yo que se transforma eternamente con ustedes.

DG