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Frases de canciones

Posted in Uncategorized on 16 mayo 2018 by Luis Daniel

Regresando a un juego que tenía a los 15 años (obvio, no tenía amigos) y vea que a los 38 funciona de la misma manera solo que con otras canciones.

Purple Rain (Prince)

I never wanted to be your weekend lover
I only wanted to be some kind of friend
Baby, I could never steal you from another
It’s such a shame our friendship had to end.

Cemetery Gates (Pantera)

I will remember
The love our souls had
Sworn to make
Now I watch the falling rain

Dreams (Fleetwood Mac)

Thunder only happens when it’s raining
Players only love you when they’re playing

Take my Breath Away (Berlin)

Turning and returning
To some secret place to hide

Cry to me (Solomon Burke)

When you’re all alone in your lonely room
And there’s nothing but the smell of her perfume
Doncha feel like crying

Black (Pearl Jam)

I know someday you’ll have a beautiful life
I know you’ll be a star
In somebody else’s sky
But why, why
Why can’t it be, why can’t it be mine.

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Acerca de la obra de Edgar Morin

Posted in Uncategorized on 24 abril 2018 by Luis Daniel

LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACIÓN DEL FUTURO

Una interpretación alrededor de los estudios a nivel de Pregrado

Esta obra de Morin publicada en 1999, mejor conocida como los “siete saberes” es una obra solicitada por la UNESCO para enfrentar los acontecimientos que el siglo XX no resolvió para la humanidad. Al apreciar la obra, se plasman las ideas fundamentales de lo que se convirtieran después los objetivos del desarrollo de milenio y los objetivos del desarrollo sostenible de la ONU. La obra, establecida en siete capítulos, gira alrededor de crear una discusión afable alrededor del problema que no se desentraño en el ámbito de la educación formal, un problema gigantesco en el presente que se ignora dentro de un modelo educativo obsoleto.

Se podría resumir toda la obra en una frase contundente que podrá resonar en la eternidad y prima en que: Provocar conocimiento sin razonamiento es una falta de ética. La educación del siglo XX y la actual ha fallado en enseñar y se ha limitado a informar. Se han forjado entidades educadas en el vacío de un contexto planetario por maestros forjados en la nada espiritual. El libro exhorta a crear esta discusión ya. Y si bien a casi dos décadas de su publicación y con la obra de Freire resonando desde décadas anteriores, el tema parece ser latente pero postergado por las necesidades del presente adscritas al egoísmo del momento y el miedo que lleva al “tener más es ser más”.

Concluye Morin que somos entidades espirituales inmersas en una sociedad mundial, tenemos autonomía de pensamiento, de ahí que se debe recuperar el respeto hacia la persona individual en el barrio y correspondiente con la aldea planetaria. A continuación se interpretan ideas rescatadas de los siete capítulos del libro haciendo algún énfasis en los aciertos y desaciertos de la educación a nivel de licenciatura en la biología y las ciencias naturales.

  1. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión

Se parte de una educación recetada. Se educa comunicando el conocimiento sin conocer al estudiante, sus capacidades, habilidades, dificultades o imperfecciones y sus ilusiones como individuo y profesional. El maestro busca crear un discípulo a imagen y semejanza, no se consideran las inteligencias múltiples y aquel estudiante que no comparte y critica la enseñanza es desechado, derruyendo así su proceso cognitivo y libertad individual. La educación está maligna    de las vibraciones negativas, alucinaciones sociales y personales del maestro. La educación entonces no es objetiva ni edificante, es un producto de mercado.

Es elemental que el maestro se baje de su cátedra, recuerde sus años de juventud y razone como ha cambiado la humanidad en diez, veinte o más años. Aprenda entonces el maestro a enseñar un conocimiento que forme a la humanidad y que critique el conocimiento que está impartiendo. Esto requiere de un enorme sacrificio del maestro para abrazar una humildad que conoce muy poco. Pero al hacerlo, inmediatamente empodera al estudiante para detectar y subsanar los errores del conocimiento.  Esta subsanación lleva a la  reflexión del momento, critica la realidad y construye  una nueva convivencia ideológica compartida en igualdad.

  1. Los principios de un conocimiento pertinente

Pero, ¿Cómo saber que conocimiento es relevante? El teorema de Pitágoras sigue siendo relevante en la sociedad, sin embargo han sido transmitidos sin un fundamento de aplicación y por ende son fácilmente relegados. La educación debe abordar a transmitir un conocimiento que aborde los problemas globales que se resuelvan en primer lugar dentro de un contexto local conectando así al hombre con la aldea planetaria a través de la lucha común. La inteligencia humana es impresionante y no solamente para recibir y archivar información sino que para reinterpretar y construir.

El maestro debe conocer las inteligencias múltiples de sus estudiantes para de desarrollar la aptitud del razonamiento humano hacia un contexto conjunto. No todos los estudiantes aprenden igual y es casi seguro que muy pocos aprenden como lo hizo el maestro. Replicar el modelo tradicional es un error contundente que continuará atrasando el aprender a vivir en sociedad respetando y abrazando las influencias recíprocas. El maestro debe enseñar el uso del conocimiento en cada contexto y no solo transmitir y sobre todo no quedarse para sí el conocimiento surgido de la experiencia, pues este conocimiento aprendido en la vida acelera la resolución de problemas inminentes.

  1. Enseñar la condición humana

El egoísmo cultural, religioso  y antropocéntrico ha convertido al hombre en una súper especie que si bien es capaz de modificar ecosistemas y crear tecnologías, muy poco hace en construir su espíritu. La educación del futuro debe asistir en conocer el ser humano, situarlo en el universo y separarlo de este como una especie que no presenta mayor importancia que otras. El hombre debe reconocerse como individuo y colectivo a través de la diversidad cultural implícita y no solamente reconocerse como especie aislada, pues esta es la mitad del esfuerzo, debe reconocerse como un integrante del ecosistema planetario.

El maestro debe enseñar: quienes somos, adonde estamos, de dónde venimos, a donde vamos. Esto se enseña a través de una confrontación directa con la realidad en el contexto local. El estudiante interpreta los errores que presentamos como especie y reflexiona como en su condición humana puede a través de la enseñanza integrar los conocimientos dispersos en las ciencias para el desarrollo mental y humano.

  1. Enseñar la identidad terrenal

Aceptada la condición humana y la vulnerabilidad como especie animal se traza el horizonte planetario. Este horizonte es elemental pues genera una sensación de pertenencia a la tierra para el desarrollo de la conciencia antropológica, ecológica, cívica y cultural en donde se forja una sociedad que comprende que cada acción tiene una consecuencia y una responsabilidad.

Es a través de una actitud  cooperativa y responsable a nivel del salón de clases que se crea un planeta para todos compartido paso a paso a lo largo de la aldea planetaria. El hombre no está separado de los insectos. En un universo infinito somos tan insignificantes como bichos, pero podemos construir un planeta mejor dentro de un universo infinito.

  1. Enfrentar las incertidumbres

Morin comenta que en la vida existen archipiélagos de certeza en un mar de incertidumbre. No entender este precepto lleva a las sociedades construir bajo  modelos prestablecidos no sujetos a cambio. Todos los imperios pasados, culturas olvidadas y modelos económicos fracasados no se prepararon para la incertidumbre. Tuvieron su tiempo en el cénit, pero inexorablemente dejaron de ser.  El futuro debe programarse tomando en cuenta que nada está escrito o mejor dicho lo escrito puede no ser relevante en un escenario próximo. De ahí la importancia que el estudiante constantemente critique y razone el conocimiento que se le transmite.

No se educa para la incertidumbre, se educa dentro de paradigmas establecidos sean estos religiosos, científicos, económicos y sociales. El estancamiento del pensamiento genera la cero responsabilidad por las acciones, relegando la solución al gobierno y organismos de cooperación. Morin coloca la frase “ecología de la acción” en donde engloba que cada actividad que el hombre realiza, a partir de su acción genera un abanico de posibilidades que no pueden vaticinarse en su totalidad. El maestro debe exhortar al estudiante a contrastar posibilidades de sus acciones, que mida su responsabilidad ante estas y desarrolle planes de contingencia en su actuar diario para tener la competencia de desenvolverse en un mundo en constante cambio.

  1. Enseñar la comprensión

Comunicar no es comprender, por lo tanto informar no es enseñar. El estudiante se encuentra informado de la realidad pero no la comprende y en su confusión emocional forma una imagen incorrecta que lo abstrae más de la solución al problema y la integración de la aldea planetaria. La comprensión en la educación debe ser directa, tanto a nivel personal como local y trascendiendo al planeta.

Se debe entender que la compresión presenta una serie de limitaciones determinadas por el código ético social, las costumbres locales, la política, las costumbres y la economía. Sin embargo dentro de cada una de estas determinantes hay puntos en común. La comprensión puede fundamentarse en el aborrecimiento al egoísmo, etnocentrismo y sociocentrismo.

Este es uno de los principales retos del maestro pues debe construir en paralelo con sus estudiantes y de esta manera crear una sociedad educada que comprenda las dificultades de sus vecinos así como sus fortalezas, celebrando las diferencias y comprendiendo que juntos y en armonía somos más eficientes que aislados. Es así que la comprensión no se enseña etiquetando a las personas de acuerdo a sus cualidades ya que esto limita el potencial del individuo relegándolo a un estrato.

Se debe enseñar a formar empatía y aceptar las ideas de los demás en un círculo de tolerancia. La comprensión alienta el establecimiento de sociedades democráticas. Sin comprensión no existe la tolerancia para derribar los muros del racismo, religión y clase. Por ende, La escuela debe ser democrática para que sea el cimiento del actuar en sociedad incierta apuntada a la prosperidad.

  1. La ética del género humano

El hombre debe convertirse en una criatura regida por la ética basada en tres fundamentos: Individuo, Sociedad y Especie dentro de la aldea planetaria. De esta manera, la ética no se origina desde la moral sino que de la relación del individuo con el espacio social. Al mismo tiempo, la nueva ética desprende la idea que el desarrollo personal del hombre debe estar en responsabilidad y no en detrimento del hombre y las demás especies del planeta. Este es el concepto de la antropoética que el maestro debe transmitir a sus estudiantes.

Ponderando la Tierra Patria de Edgar Morin

Posted in Uncategorized on 23 abril 2018 by Luis Daniel

Edgar Morin es un influyente filósofo del siglo XX que aún en vida se le ha reconocido su trabajo como una enseñanza hacia la realización del hombre en la incertidumbre del devenir. En su obra Tierra Patria (1993) recaba la historia de la humanidad desde la prehistoria hasta las órbitas de la actualidad. Periodiza en forma particular los principales eventos de la humanidad y como estos han llevado a la destrucción de la espiritualidad a través de un egoísmo colectivo radicado en un capitalismo universal. Es en base a esta realidad que predice un fin incierto para la sociedad.

Si bien el humano ha desarrollado una vastedad de tecnologías y ha puesto individuos en la luna, aún se encuentra en la prehistoria de descifrar su espiritualidad y lugar en el universo como una entidad asociada a este y no como el sine qua non como ha pretendido ser por miles de años. Y es en este intento de justificar su grandeza inventada que ha llevado el planeta al borde de la desgracia en menos de un milenio.

El humano conectó el planeta en seiscientos años, esa conexión se ha basado en buena parte a la economía de mercados, la que a su vez ha promovido el desarrollo de tecnologías y que consecuentemente y en paralelo ha generado conflictos bélicos de diversa índole, sea esta religiosa, política, económica o una mezcla confusa de estos. Se podría decir que en la segunda década del siglo XXI el hombre está conectado por la infelicidad  apremiante de la necesidad del dinero.

Es esta necesidad de dinero la que hace que la cultura se degrade en una pasmosa realidad donde el hombre es el lobo del hombre y nada es ilegal para lograr acumular riquezas. En el proceso de esta realidad se ha perdido la importancia del conocimiento y la preponderancia de los científicos como garantes del futuro, cambiando  a estos por una realidad sujeta por preceptos que son fáciles de discernir, cual indulgencia moral. La ciencia ha perdido campo, presupuesto, respeto y criterio ante una oleada de charlatanes que presagian buenaventura inmediata a través del gasto desmedido.

El humano perdió el sentimiento de colectividad al conectarse y al globalizarse se individualizó. El humano es entonces un alienígena en un planeta extraño del cual no desea comprender ni ser parte. Siendo así, las metas como especie no serán alcanzadas y en el proceso otras especies no lograran sus metas de existir debido al egoísmo del humano. Si bien el universo fue creado en un evento en apariencia azaroso, el destino final del planeta Tierra parece estar determinado por el humano.

En si el desarrollo no es malo, el desarrollo ha conectado el mundo y ha aumentado la calidad de vida. Ha abierto los ojos del humano hacia otros mundos para entender el inicio del tiempo y el espacio. Sin embargo, este ponderar el universo no ha sido paralelo con la solidaridad local y planetaria. A partir de escudriñar las estrellas y fisionar los átomos desechamos la cultura, la tradición, la creencia inicial. A medida adquirimos mayor conocimiento se reforzó la idea de que no es la Tierra el centro del universo sino el hombre. Concepto muy errado que nos lleva al colapso total. De esta manera Morin comenta que: Toda evolución implica abandono, toda creación implica destrucción, todo avance histórico se paga con una pérdida.

Siendo así que se hace crucial crear una cultura planetaria que abrigue lo que aún queda de la humanidad, forjando una cultura que sea común a todos los humanos. Es dentro de la humanidad comunitaria que se construya una conciencia colectiva de la problemática que enfrenta el planeta pues del bienestar del planeta depende la existencia futura del humano.

Sin embargo, el humano dentro de su inconmensurable egoísmo, presenta inmensas expresiones de amor y comprensión. Estas cualidades deben ser aprovechadas en la creación del mundo futuro. Estas deben ser inculcadas en la niñez para comenzar la construcción de la aldea global de comprensión holística. Pues la tecnología resuelve problemas mecánicos, pero el espíritu no hay medicina ni rayo milagroso que lo repare más que el amor.

Este milenio ha sido de revoluciones científicas y técnicas, pero muy poco ha trascendido el ente biológico del humano más allá de aumentar la esperanza de vida promedio. El humano está ante un proceso de enajenación cultural colectiva, Al mismo tiempo que la tecnología avanza demasiado rápido para comprender sus consecuencias. Ya no tenemos miedo a la oscuridad ni a las fieras, tememos la guerra nuclear, el cambio climático y la pobreza. Curiosamente, estos escenarios de temor moderno llevarían al hombre nuevamente a la edad de piedra. Quizás el temor no esté mal fundamentado, sino que mal explicado.

La lección del olvido

Posted in Uncategorized on 9 abril 2018 by Luis Daniel

Te fuiste una mañana de invierno cuando los días eran fríos. Admito que desde otoño sentí que me abandonabas y los días perdían calor. Tu sonrisa perdió radiancia y tus ojos  por mí ya no tenían brillo.

Al irte te llevaste consigo todo lo que pensé era mío. Resulta que no lo era pues te lo llevaste y no puse condición, protesta o resistencia. Te llevaste mis rutinas diarias de amarte, mis manías compartidas.

Me dejaste con un desasosiego horrendo, un vacío en la oscuridad imposible de llenar sin tu presencia. Una furia silenciosa que se escondió entre las nubes que miraba para escapar de tu tormento. Y una sensación de soledad que se ha convertido en mi calma.

No negaré que te he extrañado, me haces falta y te recordaré por algún tiempo con alguna frecuencia. A medida la vida pasa el recuerdo se vuelve relativo y sólo queda aquello que valió la pena.

Tuvimos momentos bonitos en un tiempo espantoso, es por eso que lo nuestro llegó a su fin. Nos alimentamos de nuestra energía, en un frenesí que destruyó nuestras limitaciones. Sin embargo no limitó separarnos.

Compartimos un verano fugaz, nuestro calor se hizo fuego y ardimos. Fuimos niños y fieras en un Edén antes de la caída buscando derrotar el bosque inmaculado. En tus entrañas creí hallar la paz y en el bauprés de mi navío navegaste el infinito.

Pero mira que el amor no es suficiente, el afecto no llena las arcas del deseo. Hay cosas que no supe darte y tu me diste sin caprichos. Amor a medias, afecto en la desdicha, fruto de la incertidumbre, cosecha de un fracaso.

Entiendo que te hayas ido, supe desde antes de conocerte que te irías. Confieso que no estaba preparado para tu partida, quizás nunca lo habría estado. Hasta sé cuando fue el momento que decidiste tu salida, tu manera de redactar preguntas es muy particular.

Lo sé pues te conozco, o al menos creí conocerte, compartimos mucho en esos años. “Ve y recupera lo que es tuyo” me dijiste, pero si ya lo tengo todo. Lo que quisiera recuperar es aquello que no es mío y robaba a la vida.

Y esas últimas palabras en aquella mañana de invierno se quedaron conmigo, grabadas como cincel a la lápida. Recuperé lo que es verdaderamente mío: la soledad, mi universo personal, el hombre taciturno que sonríe.

Te imagino en la calle, te confundes entre la gente y a veces realmente eres tu. Pero ya no mi cielo azul. El viento se ha llevado tus nubes a otra parte a dar sombra en otro horizonte y con tu lluvia florecerá la vida como antes los campos de mi afecto.

Yo seguiré aquí, sonriendo, tomando un café a la nostalgia de un mundo que ya no es. Recordando que el amor es un juego de “Fair Play” donde no importa el ganador sino que se juegue bonito. Y entendiendo que lo que nuestro nunca debió ser, pero fue bueno.

 

 

Pensando en Hawking a través de Feynman

Posted in Uncategorized on 14 marzo 2018 by Luis Daniel

Desde recibirme Biólogo me he considerado un científico pues he repetido enunciados e inclusive escrito algunas cosas. Sin embargo he sido invadido por un sentido de arrogancia, lo que me ha convertido en un pésimo científico: prejuiciado, poco objetivo y  descartado opiniones valederas por personas a quien no estimé “de ciencia”.

12 años estudiando aves, he aprendido sus nombres, su historia natural. Pero bien, no he construido conocimiento, he sido un intérprete y un transmisor de conocimiento mas que un creador de conocimiento. Feynman comenta: “Ves este pájaro, me decía, es un tordo de pecho café; pero en alemán se llama Halzenflugel, y en chino se dice Chung Ling; y aun cuando conocieras todos los nombres que se le dan no sabrías nada sobre el ave. A lo más, ¡sabrías algo sobre la gente y la forma en que llaman a este pájaro! Pero este tordo canta, enseña a volar a sus pequeños, recorre tantos kilómetros durante el verano y nadie sabe cómo se guía, etc. Hay una diferencia entre el nombre de una cosa y lo que ponemos dentro de éste”. Quizás sí he construido sobre la construcción de otra cosa. Quizás tantas cosas.

Estimo que en Honduras existen “escuelas de pensamiento” en las ciencias naturales, siendo una de las que mejor conozco: la escuela autodidacta de la UNAH con su conocimiento hermético, heredado solo a un selecto grupo de matriculados que rinden pleitesía a sus maestros, quienes enfrascados en una crítica de la crítica han estancado el progreso de la ciencia a través de un inmenso prejuicio y desacreditación a cualquier esfuerzo científico que no haya sido realizado por ellos o sus adeptos. Siendo así, que uno de los principales rasgos de esta escuela es la poca producción científica producto del temor a la crítica de sus propios maestros y colegas. De esta  manera, muchos iniciados en esta escuela de pensamiento la abandonan y persiguen el conocimiento por su cuenta con una mayor pauta de éxito.

Con el tiempo me he dado cuenta que la ciencia para ser transmitida debe ser comprendida. De esta manera, el concepto debe enseñarse tácitamente pero al mismo tiempo interpretarlo con el estudiante para que este lo asimile en su realidad y pueda aplicarlo a su contexto inmediato y pueda cambiar su manera de pensar y con ella la realidad. El maestro puede servir mejor a sus estudiantes enseñando a superar el temor a la crítica, a superar el error con gracia y a tener humildad. El buen científico debe tener humildad en su espíritu.

Y la humildad es lo que muchas veces nos resta ¿Qué cualidades hacen a un buen científico? Seguro que La paciencia y la observación, pero además la curiosidad, ser solícito, práctico, positivo, tenaz pero sobre todo humilde para aceptar que todos saben algo que él no sabe y que lo poco que él sabe debe transmitirlo a la humanidad para mantener el conocimiento en movimiento y creación. La ciencia y el conocimiento que no se transmite se pierde. La ciencia no es sociedad secreta donde los Iniciados son dignos de recibir el conocimiento.

Stephen Hawking acaba de morir y no solo era una mente brillante, ¡era un divulgador científico! Algo similar a un maestro, si bien mantenía la Cátedra Lucasiana en Cambridge, pero tuvo esa capacidad de transformar su breve historia del tiempo en un libro para niños pues estimaba que los niños deben entender esto para que la humanidad trascienda. Los ojos me lloran no solo por la partida de un genio sino por el tiempo que desperdiciamos en “habladuría, prejuicio, difamación y chismorreo” cuando hay tanto por hacer para construir un mundo mejor compartido para todos en conocimiento y armonía. Maldición ¡Cuanto tiempo he perdido!

Al interpretar que debo dudar de todo lo que mis maestros me enseñaron para poder interpretarlo y comprenderlo. Siento una enorme tranquilidad pues lo he hecho durante años y lo que he logrado es que mis maestros me desprecien y lo tomen como falta de respeto a sus cátedras. Ahora entiendo que no es mi culpa, es la escuela de pensamiento la que nos hace fallar. Vivimos bajo un concepto académico que el estudiante no supera al maestro y únicamente divorciándose de este puede comenzar un proceso de superación. ¡Qué manera más espantosa de formar criterio, destruyendo los eslabones que deberían fortalecerse para hacer ciencia!

Hace unos meses, tuve el privilegio de servir un taller de dos días sobre las ciencias de la tierra en donde intenté transmitir desde el big bang hasta la actualidad en un lenguaje muy ameno. Explicaba a la audiencia que por instinto y raciocinio, todos somos científicos pues nos asolan la curiosidad y las preguntas. De esta manera les reté a cómo probar el ¿Por qué nunca vemos el lado oscuro de la luna?. Después de transmitirles un par de conceptos sencillos sobre rotación y traslación, dejé que ellos construyeran sobre esta premisa, tras varios intentos y errores, lograron construir un modelo en el cual demostraron utilizando una linterna de celular y 3 participantes de la audiencia haciendo de sol luna y tierra.

Pude ver en la audiencia la fascinación del conocimiento en sus miradas, sus neuronas procesando algo que ellos forjaron con sus cerebros. Les dije: Pueden verlo, así como ustedes hoy hicieron  un experimento científico  a partir de algo que desconocían, así cada día es una oportunidad para descubrir los misterios del universo. Fue un bonito día.

La ciencia nos es innata. La educación mal orientada destruye al científico ya sea por una instrucción mecanicista o por maestros que no supieron enseñarnos humildad y ética. Queda entonces motivar al estudiante a que escuche con prudencia, discuta con respeto y construya con libertad y sin temor a encender la ira de su maestro. La ciencia que aprendimos no es la misma que debemos transmitir, los conceptos son los mismos, pero la manera de interpretarlos será labor del estudiante, no es nuestro criterio el que este debe aprender, debe conocer nuestra manera de pensar para que tenga un asidero desde donde partir, pero nunca obligarlo a que lo adopte. La ciencia crecerá con un nuevo paradigma que el estudiante plantee, nosotros construimos el nuestro.  A modo de cierre deseo citar al maestro Yoda a través de una frase que viene buscando hogar en mi cabeza desde diciembre del 2017:

“Heeded my words not, did you? Pass on what you have learned. Strength, mastery. But weakness, folly, failure also. Yes, failure most of all. The greatest teacher, failure is. Luke, we are what they grow beyond. That is the true burden of all masters.”

DG 14/3/2018 … Hawking regresó a las estrellas.

Domingueando a través de la Ciencia

Posted in Uncategorized on 13 marzo 2018 by Luis Daniel

Hace unos 300,000 años en una localidad del actual Marruecos un hombre no tan moderno, pero muy similar a nosotros, manejaba con pericia dos pedernales chocándolos uno contra otro produciendo chispas que  al impactar con materia vegetal seca producían llamas. Es casi palpable que “el primo” no estuviese enterado de los procesos intrínsecos relacionados a la fricción, calor, combustión y oxidación, pero es garantizado que el fuego disipaba el terror a la oscuridad, al Sisimite original, brindaba buen sabor al alimento y generaba  un ambiente familiar a esas “barbacoas prehistóricas”.

Es necesario estirar un poco la especulación imaginativa y comentar que en el ínterin de esas reuniones se amalgamaron los rudimentos del lenguaje, se compartieron ideas sobre la mejora de las puntas de lanza y por qué no decirlo, hasta se decidió que la carne término medio es más agradable al paladar. Aprecie el lector que todas estas innovaciones se originan alrededor de un evento y es el fuego; es muy posible además que alrededor del fuego se ideó la concepción de Dios como un regalo de los cielos. Con un poco más de imaginación podemos ver las concepciones originales de la no-ciencia que se asociaron a explicaciones celestiales y se convirtieron en la religión como un esfuerzo por darle una explicación a la realidad, pues necesitamos saber qué es lo que está pasando y un creador benevolente es muy práctico para que todo encuadre.

Muchas cosas han pasado desde el regalo celestial de las llamas hasta la separación del átomo para producir una energía controversial. Somos simios quemando dinosauros extintos para mover máquinas. La curiosidad nos ha hecho saltar paradigmas y salir del planeta y clavar una bandera en la luna, la que extrañamente se mueve en aras del comadreo de los conspiradores “anti ciencia pro tierra plana”. Es esta curiosidad la que hace miles de años después, al inventar la esclavitud,  nos dio el tiempo para preguntarnos las cosas puntuales de la realidad.

Viene entonces Thales de Mileto y asegura que toda la materia viene del agua, quizás no toda la materia, pero su argumento se amolda bien a la aparición de la vida en la tierra. Este tipo de argumentos generados a partir de la discusión con otros hombres de ¿ciencia? Sirvieron como base para explicar la realidad por miles de años. Y poco a poco preguntándose cosas se formaron los primeros enunciados matemáticos, teoremas y descripciones del universo.

En el consenso de esos miles de años algunos oportunistas y saltimbanquis deciden que es buen negocio hacerse pasar por místicos recipiendarios de los misterios de Babilonia o herederos iniciáticos del hermetismo arcaico o que se yo. Y es a partir del conocimiento que ya existe que comienzan a generar sus propias filosofías que no son replicables de manera cuantitativa, son falibles en exceso, subjetivas y basadas en la credulidad de las personas. Pero estas elucubraciones tienen en común con la “ciencia” en que generan información, colegian personas y juntan evidencia empírica de manera paralela a los filósofos y naturalistas creando la Pseudo-ciencia tanto por entretenimiento como remuneración.

Un par de milenios pasan y de tanta tradición “científica” y el sazón de una eliminación sistemática de dioses antiguos llegamos a la Europa de la edad media en donde un personaje  con nombre de sonda espacial alega que la tierra no es el centro del universo sino que de lo contrario parece ser que es el sol el centro de algo, pero en definitiva la tierra no. Entre los prejuicios dogmáticos y la relevancia de la evidencia al estilo, “No estás equivocado, quizás tengas razón, pero de momento la biblia me dice que mi punto de vista es mejor” damos un salto en los arquetipos del pensamiento.

Quizás aquí en 1633 con Galileo nace la ciencia en un verdadero acto de rebeldía contra el sistema, intentando que la realidad no se circunscriba a un criterio específico y evitando que los prejuicios nublen el intento. Preguntarse será justo entonces, ¿cuantos Proto-científicos ardieron en el fuego que alumbró a Homo erectus  ante este relativismo prejuicioso? Pero seguro que están en el cielo, seguramente no de los dioses antiguos, pero en el cielo al fin.

Es curioso que en pleno siglo XXI en donde tenemos la información literalmente en la palma de la mano existan aun prejuicios inquisidores y mentalidades pre-científicas  tan cerradas como oficinas de gobierno los domingos. Este tipo de argumentos cavernarios son los que desmotivan a la humanidad a la ciencia y quizás sea la razón por la que los extraterrestres no nos contactan sirviendo de punto de partida para la ruptura de ese esperado paradigma religioso. La ciencia no es relativa, no hay escalas sepias o grises. Es o no es… hasta que se demuestre lo contrario claro está.

Hace unos 200 años creíamos que la cosa más pequeña eran los bichos, de repente aparece Dalton y aporta que existen átomos y por algunos años estuvimos satisfechos pensando que Demócrito estaba en lo cierto desde tiempo atrás y fuimos felices. Años después dilucidamos que el átomo se podía partir y ¡Sorpréndase! Ahora fuimos los dioses a los que Homo erectus agradeció años antes por bendecirle con el fuego.

El lector acucioso habrá visto que detrás de todo este sartal de ideas e invenciones existe una transición, tranquilidad, incomodidad y transición. Quizás la ciencia es una cosa inquieta que necesita reinventarse cada tanto a lo Madonna. La ciencia aborrece el  argumento de “mejor malo conocido que bueno por conocer” y eternamente se cuestionará sus principios y fundamentos hasta que la humanidad pueda hacer cuadrar esa teoría del todo que tanto ansía.

Y vamos a llegar a ella, más allá de la teoría de cuerdas, llegará un momento que la teoría de cuerdas se enseñará como hoy se enseña el teorema de Pitágoras. La ciencia genera preguntas, resuelve problemas; y a más ciencia, mayor resolución de problemas. Pero para lograr este cometido debemos machacar las hipótesis una contra la otra a lo pedernales prehistóricos para que sus chispas generen teorías. Una sola hipótesis no forma una teoría y se puede cometer el error de Morton y producir aberraciones del racismo científico dictando que el volumen del cerebro es mayor en algunos grupos humanos que en otros. Quizás debemos dejar un espacio constante para la imaginación pues ocasionalmente la ciencia ha fallado y la Pseudo-ciencia ha acertado. De todo hay en la viña del Señor de la Ciencia.

El Propósito de la Educación en la Biología a Nivel de Pregrado

Posted in Uncategorized on 12 marzo 2018 by Luis Daniel

El 23 de abril del 2008 me recibí como licenciado en Biología con énfasis en Botánica, el énfasis no fue establecido debido a una omisión administrativa de las que en Honduras se dicen “error de dedo” alegre fue en todo caso que en mí cartón no describieron algo peor; de cualquier manera trabajo muy poco con plantas en el día a día. Siendo así que dentro de la biología profesional mi charco es la Ornitología, todo lo que tenga que ver con las aves me entretiene y llena el espíritu de una sensación de asombro.

Ahora bien, en unos días cumpliré 10 años de este peregrinaje profesional, dentro del cual he tenido la oportunidad de realizar una variedad de actividades y la gracia de poder ejecutarlas con un apreciable grado de efectividad, siendo mis faltas asociadas a la convivencia humana. Han sido 10 años en donde he apreciado la problemática ambiental y social de Honduras y dependiendo del ámbito y circunstancia he intentado mediar hacia una solución efectiva para todos. El biólogo es entonces una criatura que debe navegar por aguas de distintos mares.

Es decir, al entrar a la escuela de Biología pensé que salvaría el mundo, las ballenas y sería un científico de renombre. Ideas revolucionarias con ojos pispiretos de un jovencito confundido. A medio camino en mi formación ya la idea de salvar el mundo se iba haciendo más complicada y al momento de mi graduación, la idea de graduarme era una sensación de misión cumplida en sí misma. La biología es tanto ciencia como  conservación y el estudiante se ve enfrentado a tomar decisiones arbitrarias para salir adelante.

Por un lado, deseamos ser científicos, descubrir formas de vida y ser famosos (pues el ego es alimentado dentro del currículo oculto de la Escuela) sin embargo el campo para la ciencia es corto y la formación en ciencia pura es igualmente escueta. Al biólogo se le forma para ser un manejador de recursos naturales y vida silvestre. Admito que con el conocimiento ofertado cada quien hace lo que desea y es a partir de la motivación personal que las estrellas son alcanzadas acorde. Pero la necesidad de vivir en un mundo incierto llevan a trabajos relacionados con el manejo y la conservación (pues estos son más comunes) que con la ciencia pura (los cuales son complejos de encontrar).

La ciencia es algo que me gusta, en particular los Dinosauros y por ende las aves es la siguiente mejor opción y he buscado las maneras de hacer cosas novedosas pues no soy innovador sino que rebelde. Han sido 10 años de hacer ciencia participativa, término que no conocía hasta que lo acuñaron en la Universidad de Cornell. Sin embargo, han sido 10 años “aprendiendo a desaprender” que no solo el científico acreditado es un científico. Hay simples mortales que son más científicos de renombre que biólogos profesionales de poca monta (A quienes no les sucedió la omisión administrativa). Esta instancia me ha hecho perder una variedad de amistades a través del tiempo y por qué negarlo, aun lo hace. Pero como dije, es un proceso de desaprender y aprender.

Así que resumiendo mi vida profesional y la problemática del país puedo decir que: El propósito de la formación en la educación de la Biología debe ser aquel que permita al estudiante comprender que vivimos en un mundo cambiante e incierto en donde se debe trabajar de manera colectiva con la población en aras de cambiar el paradigma de producción. Es dar ese salto del “ser más es tener más” al “ser más es tener menos… y somos más a través de la educación”. El biólogo debe convertirse no solo en el “ambientalista” o “conservacionista” (pues de esos hay muchos) que critican la ya machacada crítica sin dar una solución más allá de “no se puede hacer”. Esas actitudes de cerrarse ante el progreso nos tendrían aún en las vísperas de la civilización dilucidando si germinar semillas sería productivo y así inventar la agricultura.

La Escuela de Biología recientemente realizó un cambio en su plan de estudios en donde abrigan un nuevo concepto de orientaciones en el currículo con varias aproximaciones contexto-específicas al desenvolvimiento profesional para que el biólogo navegue con mejor viento las aguas de su profesión. Sin embargo, el salto generacional de generación X instruyendo millenials es presto para que paralelo a la modificación del plan de estudio, se rompa el modelo del positivismo hacia la gestión ambiental y desarraigar el conductismo en las asignaturas del plan de estudio (conductismo y positivismo estoy seguro con conceptos que el biólogo asociará con cargas eléctricas que con pedagogía… pero aquí estamos). Y sobre todo, debe cambiarse el currículo oculto, ese que es oculto por que no se dice pero se siente en el ámbito profesional a diestra y siniestra y que es aplicable a todas las ramas profesionales. El ego, la envidia, el favoritismo, la difamación. El biólogo del siglo XXI debe ser la luz de la esperanza para un planeta sumido en la incertidumbre, debe dar soluciones cuando todos ven problemas. Y el biólogo del siglo XXI debe ser capaz de trabajar en equipo y armonía con otros profesionales y en especial poder compartir en paz con sus cófrades.

Este salto se dará a través de la construcción de estudiantes y maestros. Será un proceso largo estoy seguro, pero si comienzan mañana estaremos más cerca de lograrlo que ayer. Todos somos parte de la construcción de un mundo mejor cambiando primero nosotros y siendo el cambio que deseamos ver en la humanidad.

DG- 9/III/2018