El valor y el precio

Al definir precio como tal, se establece que es la cantidad de dinero esperada a cobrar por un servicio o producto brindado. Por otro lado, valor es el monto que el cliente se encuentra dispuesto a pagar por ese servicio o producto. Desde el punto de vista de la economía de producción, si bien son términos diferentes, su aplicación es sencilla y su entendimiento es cuestión de aplicarlo.

Sin embargo, los servicios y productos que brinda la naturaleza son muchas veces dados por sentado sin definir un precio pues se considera que son servicios a posteridad y que al ser inagotables no tiene caso darles un valor. Desafortunadamente, esto no es así y cada proceso de pérdida de bosque, cada especie que desaparece es una pérdida de riqueza invaluable.

¿Qué precio se le puede dar entonces a un árbol, un ave o un jaguar? Puede ser el costo de la entrada a un parque zoológico, a un parque natural, a un guía especializado que lleve a las personas a una experiencia cercana con estas formas de vida. Esa es una manera de darle un acercamiento y una posible solución y quizás puede ser útil hasta cierto punto.

Se estima además el valor personal que tiene cada cosa para el ser humano, es decir, el capricho por una tecnología nueva y de vanguardia produce en el humano derroches escandalosos de dinero, por otro lado la apreciación de la naturaleza no lo hace pues no se le ha dado un precio particular y por ende tampoco un valor.

Sin embargo, la naturaleza no puede tener un precio, claro, se podrá establecer un valor monetario en función del servicio que esta brinda, ya sea la producción de agua en una cuenca, captura de Carbono y producción de aire de un bosque, espacios para la recreación de un parque nacional. Estos son servicios que la naturaleza da y puede ser mejor asociados por los humanos con un precio y por ende darles un valor considerando que una entidad establece que ese recurso presenta un precio de tanto.

El valor que la naturaleza y sus componentes tiene no puede existir bajo un precepto de economía de mercado, tampoco se le puede dar un precio acorde. Sin embargo cada quien le brinda un valor a la naturaleza en base a la satisfacción espiritual y emocional que esta ejerce en cada persona. Quizás la respuesta se encuentre en enseñar a la humanidad el precio de esta satisfacción.

Así como satisface pagar por una entrada al cine y desconectarse de la realidad por hora y media, así podrá satisfacer una caminata al aire libre sintiendo el aire y la presencia de los árboles. Pero estos procesos de valor de la naturaleza deben ser enseñados a través de la experiencia particular. Si bien el cine se disfruta pues se encuentra en todas partes la publicidad, lo mismo deberá conseguirse con la naturaleza a través de ideas sencillas como “las aves rockstar” u otras estrategias.

Siendo así, yo quisiera comprar una realidad en donde la honestidad y la ética sean verdaderas y no vivir en un mundo de trampa, cortapisas y favores políticos. Estas cosas deben ser enseñadas ya que si asociamos que el “humano es bueno por naturaleza” algo sucedió en el proceso de formación de la personalidad que oscureció estos valores por otros.

Lo mismo sucede con el valor que se le da a la vida y la naturaleza. Una sociedad que valora poco la vida, poco valorará la justicia y en consecuencia refuerza el concepto de un recurso inagotable o a la inversa, un recurso que se va terminar por que “la vida es así”, entonces para que siquiera intentarlo. Un pesimismo institucionalizado.

Entonces, ¿qué vale un colibrí, un bosque nublado o las mañanas frescas? En mi caso valen mucho pues me dan una satisfacción y sosiego espiritual al no poder conseguir ese mundo ideal y utópico de honestidad y ética. Ese sosiego puedo darle un precio monetario inicial y oscila en unos Lps. 3500 considerando que ese era el precio mensual de los ansiolíticos recetados hace unos años por un especialista médico. Pero véase que el valor intrínseco de ese sosiego es invaluable pues no solo repercute en mi salud física sino en la salud emocional de mi círculo familiar, mi productividad profesional y la esperanza de un mundo mejor para los que están cerca de mí.

Al final del día, cada quien dará a las cosas el valor que estimen. Pero podemos asistir a la humanidad en definir un precio base, sea sosiego, diversión, colección de aventuras. El truco del Zunzún es encontrar en cada persona el desencadenante emocional que los lleve de regreso a esa conexión con la naturaleza.

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