Un día diferente

Un día diferente

Una mañana, temprano, ya que de lo contrario no tiene sentido buscarla; esperaba pacientemente el desarrollo de una actividad en el valle Sula. Como es conocido a nivel mundial, el mencionado valle se caracteriza por su humedad y elevadas temperaturas. Me encontraba entonces rodeado de un área abierta en la que por su apariencia singular y tristemente ordenada de los promontorios de gramíneas, cuales soldados de un ejército en harapos por la desgracia nos les quedaba mas que estar en posición de atención a esperar lo derrota definitiva.

Me encontraba en un arrozal abandonado, al entrecerrar los ojos hasta podría imaginarse uno el sudeste asiático. Pero no, era el magnífico valle de Sula. Y en este día no había sol, pero no significaba que el calor también estaba ausente. De hecho la tormenta apocalíptica con rayos, truenos y lluvia por doquier de la noche anterior, no ayudaba a mejorar la humedad relativa. Torturante, destructiva.

Esperaba entonces que el día mejorara y el sol apareciera, está de más decir que en todo ese día y el siguiente el sol no salió. Como los procesos atmosféricos no mejoraban, me sentí inquieto y dada mi naturaleza entrometida y el mal gusto por las cosas que no me interesan, me vi tentado a ver las aves y distraerme. Pensé: A ver cuantas aves puedo encontrar. Y así comencé. Como siempre los sospechosos de sospecha como el Zanate, El Tijul y el Zorzal, sin olvidar por supuesto a la Paloma Ala blanca. Aves tan comunes que cualquiera pensaría que no tienen más mérito que tener la facultad del vuelo. La que considero es una gran facultad.

Así pasaron algunos minutos, después de un tiempo pude ver un zanate macho. Negro cuasi azul, cola larga y un majestuoso pico que rezaba cantos territoriales mientras afilaba su pico en un poste de madera que le servía de percha. Amenazante, desafiante, imponente. Macho. Mientras tanto, las aves seguían su día a día sin darme la menor de las importancias, mientras que mi interés y atención era poco a poco atraída hacia el arrozal y su pequeño ecosistema.

De repente una garza bueyera, de las que dicen las leyendas llegó a América flotando en el cadáver de un Elefante Africano. Por acá una garza blanca con su impecable blanco cual oficial de la Armada en revista. Lejos casi en las nubes, zopilotes danzando sobre las corrientes térmicas, de lo cual siempre he considerado una vulgaridad que algún Tchaikovsky no haya escrito una sinfonía titulada las Termales de los zopes, como un complemento al lago de los cisnes. Pero que puedo hacer, la tierra es un lugar triste y malintencionado.

Mas tiempo pasó, de repente un Pibí Tropical, una de esas aves complejas que gusta de imitar en apariencia a sus primos y que ocasionalmente alguna persona fluida en Pibí logra identificar uno del otro por sus aparentemente distintos tonos de voz “Pibí”. Siempre he asociado a esta familia de aves con los dinosauros de allá cuando, quizá su nombre familiar Tyrannidae tenga algo que ver, pero que se yo de dinosauros o de tiranos. Y ya que estamos con los tiranos como esos de país de tercer mundo, pude ver algunos tiranos de mención como el Cristofué, como si el ave anduviese por la vida dando testimonio de un acto de aquel hombre que vivió hace mucho y tuvo muy buenas ideas, los norteamericanos como son algo mas liberados, mantienen que el ave dice “Kiskadee”. Su primo el chilero social también andaba cerca cantando alguna cosa u otra, la cual no atrajo la atención de nadie. Tal vez un episodio funesto en la vida amorosa del ave.

De repente, dos disparos de escopeta. Mi oído y la reacción de las aves cercanas a la detonación me llevaron al sitio de los hechos. Quien sabe que pasó, las aves se asustaron por un segundo y al cerciorarse que el ruido no era con ellos, regresaron a sus patrones normales de comportamiento y etiqueta.

Me detuve un rato a apreciar nuevamente los estoicos y decadentes mazos de arroz. Tierra anegada, olorosa a humedad y lodo. Dulce olor a ligera oxidación, cual feromona femenina después de consumar la lujuria original. Habían mazos anegados, otros sedientos de agua y entre tanto pleito por el acceso al agua, un gallito de agua caminaba sigilosa, agazapada y atenta a sus presas. Cada tanto un movimiento exacto de los músculos del cuello movía el pico para capturar sus presas, el movimiento recordaba al retroceso de una Colt .45. Exacta, mortal. Efectiva.

Y fue ahí donde mi mente viajó a otros universos y de repente estaba en un verdadero humedal, repleto de aves de toda forma y tipo y hábito y color y voz. La humedad me afectaba la cabeza y el sudor traicionaba mi temperatura corporal. Todo aquello era irreal, surrealista, imaginario, fantasioso y perverso. Un chipe amarillo preparándose para migrar de vuelta a sus sitios de anidamiento apareció diciendo “chip” sin cesar. Semilleros de cuello blanco comiendo granos de arroz de la planta como insignias arrancadas en baja deshonrosa. Garzas persiguiendo anfibios. Y de repente regresé a la realidad, una paloma de Castilla, aquella oriunda de los acantilados de Iberia, traída a América por conquistadores melancólicos que añoraban las aves de sus catedrales. Y pensé que jamás había visto un ave de estas en esas condiciones. Maravillosamente adaptables las aves son.

¡De repente un verdadero susto, un miedo palpable por todo el lugar! Aves volando despavoridas por cada punto cardinal, caos, miedo, confusión. Avergonzadas se habrán sentido todas ellas al darse cuenta que su temor no era mas que un zope cabeza negra que bajo volaba imitando sin malicia el vuelo rasante de un ave de presa. Nuevamente, y después de un silencio y un posterior barullo de aves, seguramente indignadas, la tranquilidad regresó y con ello el picoteo, la persecución, el canto, la protección del territorio y todas y cada una de las singularidades de estos sencillos animales. Pensé en como un animal que su cerebro es tan pequeño como deposiciones anales de un gato, puedan ser tan impresionantes, interesantes, complicados y fascinantes por observar e intentar interpretar su forma de vida.

Interesantes las aves son. Alguna vez solía decir, “dale una oportunidad a la aves y te gustarán, dales dos oportunidades y te enamoraran. En aquellos años, estuve enamorado de las aves y por que no decirlo, fue un romance largo, tórrido y puro al mismo tiempo. Ocasionalmente nos escapamos para amarnos en secreto, en donde nadie nos pueda ver y solo nosotros existimos.

Primero fueron Dinosauros magníficos y enormes. Ahora no son más que monstruos pequeñitos. Hambrientos, astutos, inteligentes, perseverantes y ajenos a la misericordia. Mi tipo de persona. Y por eso se podría decir, entre más conozco a las aves, menos me gustan las personas.

28 marzo 15

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