El Súcubo

Una noche, mientras revisaba manuscritos antiguos, Chuck Ramen encontró entre documentos llenos de polvo un pliego escrito entre el año 1200 ó 1330 que simplemente se llamaba “El azote del Súcubo en Roma”. Intrigado por el título, tomó sus lentes y comenzó la lectura. – El  succŭbus apareció por primera vez una tarde del mes de mayo ante un varón de unos 13 años, se materializó de la forma de una preciosa mujer de cabello largo, seducíendole de forma instantánea. El muchacho enfermo de placer deliraba día y noche por aquella mujer que le quitaba la vida gota a gota, suspiro a suspiro. La intervención eclesiástica tuvo muy poco efecto, hasta que pocos meses después, el joven murió en agonia. – el resto del texto se perdió por la inclemencia del tiempo, pero la idea era clara.

El concepto del súcubo, recordó Chuck es el de una representación del mal generalmente formado por mujeres preciosas que tientan a los jóvenes y aquellas personas de vida casta y estoica. Es una materialización del mal, para alejar al hombre del bien y llevarlo nuevamente al pecado original, comulgando en el origen del paraíso perdido. Chuck, que no era un hombre prejuciado o supersticioso, tampoco consideró que este relato dejara de tener algo de verdad, considerando que en su línea de trabajo habría presenciado su buena cuota de actividad aparentemente paranormal.

Esa noche, al irse a la cama, tomó su tradicional taza de café y arma de fuego y las colocó junto a su mesa de noche y como un ejercicio banal, comenzó a recordar a las mujeres hermosas de su vida, tanto a las que había amado, como a aquellas que solo fueron una conquista. A medida fue quedando dormido y el tiempo retrocedía, pudo llegar al inicio de su hombría, a aquella mujer que besó por primera vez, a aquellos 13 años de hace tanto atrás. En su sueño, recordó el árbol donde se besaron esa noche, aquel tembloroso primer beso que se convirtió en un atropello de lenguas y una erección mortal que apretaba contra la cadera de la mujer ligeramente mayor que el.

A medida transcurría la noche fue viajando a través del tiempo a otros lugares, otros amores, cada cual mas intenso que el anterior, quizá mas romántico, quizá mas erótico, pero todos con algo en común. Todas aquellas visiones presentaban tendencias comunes en su sueño, todas provocaban la misma incandecencia del espíritu, la misma añoranza, el mismo deseo y la misma frustración ante la pérdida. La aurora de rosáceos dedos llegó y con ello un nuevo día. Chuck Ramen sabía que tenía que averiguar el significado de su sueño.

Así fue que comenzó a recurrir a sus bitácoras y diarios del pasado, encontrando en estas, pasajes recurrentes sobre sus amores anteriores y a medida los fue analizando, comenzó a caer en cuenta que Dianne, Shelly, Scarlet, Dina, Michelle y otras presentaban las mismas características, no necesariamente físicas, pero si en la forma en que le hacían sentirse bien. Y todas ellas presentaban la peculiaridad que al irse le destruyeron emocional, física y financieramente. Intrigado por estos resultados, Chuck, realizó nuevamente el análisis, solo para darse cuenta que Maureen no había sido considerada y era también parte de esta cadena de eventos.

Entretenido por el recuerdo de la concupiscencia, Chuck Ramen decidió darle rienda suelta a su recuerdo y para celebrar todas aquellas conquistas buscó entre sus empolvados discos uno en particular, al sonar el primer track la canción rezó:. – ...Y, a la vez, está tan fuera, sé que volveré a perderme, Y la encontraré de nuevo, Pero con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo
Pero sigue siendo ella, que otra vez me lleva, Nunca me responde si, al girar la rueda… -. La taza con ron de 12 años que sostenía en su mano comenzó a temblar como aquella vez bajo el árbol hace tantos años. – ...Y la miro… y, ¿si fuera ella? y, ¿si fuera ella?
Y, ¿si fuera ella?-. Todo este tiempo, todos esos años, toda la soledad, el sufrimiento, el fracaso y el tedio del amor no correspondido tuvo sentido en ese momento. El amor es un súcubo y a través del tiempo había amado al mismo infierno en diferentes cuerpos de mujeres. Todos aquellos amores no habían sido mas que el demonio persiguíendole para tomar su alma eterna en un suspiro de lujuria y un abrazo orgásmico, húmedo, tibio, de condenación eterna.

Sintió dentro de su cuerpo furia, un deseo de descarnarse hasta las moléculas mas elementales, de sacar de si ese demonio que aun no le mataba, pero que sabía que se emplazaba en destruirle robando gota a gota su esencia, hacíendole sufrir las añoranzas del amor y la opresión del deseo. –Mujer– dijo, -Aun no has podido conmigo y aquí estoy amándote aún, y si aun no me matas es por que me deseas mas en vida de lo que la satisfacción de mi muerte puede darte, nunca, podrás tomarme y si lo haces es por que yo te he permitido, soy mas fuerte que tu infernal encantación.

Esa noche, Chuck Ramen regresó a la cama de la misma manera q lo había hecho siempre, taza de café y pistola en mano, sobre su mesa de noche a esperar que morfeo le llevara a parajes desconocidos. Esa noche, el no pudo percibirlo, pero sentada a los pies de su cama se erguía majestuosa ella, su provocadora, su tentación, su pecado original; perdíendose en la locura de poseerlo de una forma final, aplastante y destructora. Ella ardía en su interior por aquel hombre que tanto amor le había dado, fracasando ella en su misión infernal de llevarle al Hades. Lloró de rabia, lloro de soledad y a la vez sus lágrimas tocaron una delicada sonrisa que se formaba en sus labios por haberle encontrado después de tanto tiempo de buscarle. –Alea jacta est– dijo, la suerte está echada. Sonrió y desapareció en una ráfaga de viento helado, confabulada en un plan.

Algún tiempo pasó, la vida tomó nuevamente su mismo color y la rutina sus procesos certeros y normales, Chuck Ramen poco recordaba aquellas oscuras elucubraciones y su vida giraba sobre las mismas ruedas que habían  dictado sus años recientes. Nada nuevo, nada novedoso, una vida segura. Fue una noche en un bar en la que Chuck sintió la necesidad de un Whiskey, así que tomó su motocicleta y siguió la imagen mental que le guiaba hacia un lugar donde antes no había puesto pies. Pidió un chaser de famous grousse, bebiéndolo con tranquilidad como era su estilo.

A medida transcurría la noche y el disfrutaba de la música contemporánea que el antro ofrecía, pudo apreciar a través de los espejos del bar, una figura femenina, delgada, esbelta de pelo largo negro como los ojos de quien le besó por primera vez, su piel mestiza como aquella de…  ella y de ninguna, cuando se percató que la música cambió por algo mas movido – ... Porque tu amor como es verdad me vuelve el alma, Me despierta los sentidos, Y de pronto descubrí que aquí en mi piel, Se encienden llamas… -. Esa canción nunca la había escuchado pero sabía que algo tenía de cierto, cuando dio vuelta hacia el bar, sintió dos ojos partiéndole con la mirada, al volver una sonrisa dulce, amorosa y seductora le dijo –Alea jacta est Chuck-.

Y supo que la artífice de su deceso había regresado a robarle gota a gota su esencia y el gustoso se la daría hasta que ya no tuviera nada que ofrecerle, por que el es la tierra y ella su luna bailando alrededor de la órbita del fuego que alimenta su lujuria compartida y vivirán para siempre buscando  amarse en un placer que va mas allá de nuestras mas perversas fantasías.

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