Erase una vez una cosa que fue

Y cuando la suerte estuvo echada, recordó todo aquello que pudo atesorar en una lágrima de melancolía.

Todos los recuerdos, todos los momentos y todos los atardeceres. Condensados en una gota de agua salada.

Lágrima que huyó de ojos que vivieron demasiadas miradas cruzadas y reflejos de pasión sobre el espejo.

Todo fue, nada será otra vez. La eternidad se pierde como la niebla al sol salir. Fugaz, instantáneo, inexistente. Mortal.

DG 23-1-2014

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