El día que las Golondrinas no volaron más

… Un ensayo en función del ensayo

La brújula moral se refiere hasta donde me llega la inteligencia al rumbo por el cual la persona sigue sus pasos, ya sea hacia el bien o el mal; probablemente en la vida es una lucha entre ambos planos. Pero que hace la persona cuando siente que su brújula moral se encuentra des-calibrada hacia otra parte. ¿Cómo saber que destino es el correcto?

Esta es la pregunta que constantemente hago, dado que si bien continúo siendo la misma persona en el plano físico, en el plano espiritual digamos que las circunstancias han variado en alguna manera. Es increíble como cosas que antes se daban por sentadas, actividades que se presumían eternas, un buen día dejan de saciar la expectativa previamente generada.

Las aves por un lado son animales vertebrados, únicos entre estos ya que junto a los mamíferos pueden regular su temperatura corporal, facultad que les ha dado la naturaleza para llegar más alto, conquistar climas extremos y en general inspirar al hombre hacia la grandeza. Hace siete años en que aspiré a ser el mejor, el mejor observador de aves en Honduras y por qué no decirlo, por un tiempo funcionó (al menos en mi cabeza). Como pajarero no puedo negar que he tenido momentos de gigantesca satisfacción personal; aún recuerdo la primera vez que vi muchas aves, las lágrimas que rodaron, algunas de felicidad por ver algo tan hermoso, algunas de tristeza por no poder compartir la belleza con alguien más. Recuerdo tantas cosas agradables, tantas pláticas amenas con extraños con los que la pasión mutua por la vida era el factor desencadenante. Definitivamente buenos tiempos.

Y es lo curioso y el meollo de este relato, es como algo tan puro, tan lleno de inocente diversión y contacto con la naturaleza podría desencadenar tantos procesos negativos y cambiar la forma de pensar de por lo menos este servidor. Si me preguntaran una explicación matemática no podría darles una, ya que estoy seguro que no la existe. Pero creo poder dar un esbozo de respuesta. Esta hipótesis pertenece a la relación misma que existe entre los seres humanos y las actividades de grupo.

Como dije anteriormente, mi meta era ser el mejor, y muy temprano me di cuenta que no tenía todo el talento necesario para ser el mejor en este rubro. Esta carencia de capacidad o “hándicap” para hacerlo interesante, me ayudó para darme cuenta cual era mi talento particular, aunque para ser franco sigo en búsqueda de ese verdadero talento. Así que sí bien no sería el mejor nunca, al menos intentaría hacer una diferencia y tal vez así inspirar a otros.

El problema entonces radica en que las personas no gustan de cambios en sus rutinas en función de inspirar a terceros y crear un mundo ideal. De hecho la mayoría razona que estos cambios en el status quo así como las personas detrás como potenciales revolucionarios que merecen el fuego del infierno como castigo inicial por semejante injuria. De muy temprano detecté estos patrones de pensamiento a lo largo y ancho de donde quería repartir la “buena nueva”. En algunas partes el discurso inspiratorio funcionó, de hecho, funcionó muy bien lo cual siempre es alegre. Pero la carga emocional que produce regalar inspiración deja una marca en el espíritu de aquel “dador alegre”. Los Beatles mintieron cuando dijeron “And in the end, the love you take is equal to the love you make”.

Y aun sabiendo este pequeño detalle, cuando llegó el momento de tomar las riendas de un caballo desbocado que llevaría esta revolución al siguiente nivel, tomé las riendas a sabiendas que al final el golpe más duro siempre sería para mí y que de ese “pijazo” no me iba a querer o poder levantar. Ahora bien, no todo fue malo con ese caballo a campo traviesa, de hecho tuvo grandes victorias entre las batallas que libró, plantó bandera en muchos lugares de Honduras e hizo su marca. Ese caballo puede correr nuevamente ya que el espíritu indomable corre en todos los que quieran ser el nuevo jinete.

¿Y que pasó con su jinete original?… Aquel jinete, sable en alto no pudo más. La envidia, la política, el chisme, la avaricia y toda la estupidez que rodea y ahoga un pasatiempo le quitó lo mejor de su inspiración. Como mencioné, las personas y sus agendas son el peor enemigo de cualquier causa justa. Pero podrían decir, ¿Porque el jinete no le hizo de tripas corazón y continuó la lucha hasta su última gota de inspiración?

En su momento creí estar en el tope, cuando sentí estar arriba supe que todo es una ilusión, esta ilusión la crea nuestro ego para cubrir las inseguridades que nuestra falta de talento generan. En ese momento me di cuenta que no podría ganar todas las batallas, en ese momento me di cuenta que esa ya no era mi batalla, en ese momento me di cuenta que el caballo a campo traviesa cruzaba solo el campo de batalla cargando contra una horda interminable de circunstancias. Cual Quijote. Actualmente veo algunos Quijotes liderando sus propias batallas hacia diferentes escenarios, a todos ustedes les deseo lo que el destino les ofrezca, ni más ni menos.

Al darme cuenta de la ilusión, intenté regresar a las raíces, cuando las raíces fallaron intenté el subsuelo y así sucesivamente hasta intentar encontrar el origen de la inspiración. Luego vino el Yakal y con este el final anunciado tiempo antes por diversos medios. En ese día de enero me di cuenta que ya nada de lo que originalmente creí estaba dentro de mi espíritu y que nada estaba haciendo más que destruyendo mi alma un poco cada vez. Y no solo las circunstancias humanas me derrotaron, como biólogo puedo ver día a día que los esfuerzos de conservación por bien establecidos que sean, no son lo suficientemente buenos para frenar aunque sea un poco la despampanante destrucción de la tierra en función del hombre. Estas cosas afectan, como cuando muchos ven un perro atropellado agonizando en la calle o un niño regañado llorando. Ese vacío espiritual que sienten, así me sentía todos los días todo el día. Me di cuenta que aun dándolo todo no podría… y de hecho no pude.

Y ¿dónde está mi brújula moral entonces?, definitivamente no apuntada hacia donde quisieran que esté, definitivamente no está apuntada hacia las aves, estoy seguro que no está apuntada hacia salvar el planeta. Al bajarme del caballo y dejar de ser su jinete, renuncié también a pajarear, la mayoría no lo entiende pero me dejó de gustar, dejó de tener sentido buscar, perseguir, acechar, fotografiar y disfrutar de los vertebrados emplumados termoregulados. ¿Porque dejó de gustarme? Me recuerda a demasiadas cosas que la humanidad debería cambiar, cosas que no puedo resolver, aspectos tan humanos como el sol en el cielo.

Desafortunadamente no todos apreciaron mi decisión. A todos los que piensan que les abandoné, traicioné o engañé, ni modo, si esa es su verdad y les ayuda a dormir en la noche y tener una conciencia tranquila a la mañana siguiente, que así sea. Apreciaría más cualquier otra cosa en el que todos saliéramos victoriosos y recordáramos todo lo que logramos, pero que importa. Lo siento, no pude seguir luchando, no pude seguir más en pie. Los problemas que debían ser externos, se hicieron personales, amistades se perdieron, odios se crearon, molestias surgieron… Y en el proceso las aves siguen migrando, copulando y cantando. Somos entonces nosotros el problema, o tal vez el problema sea yo.
Tal vez el problema esté en que dejé de creer, tal vez el problema está en que soy débil, tal vez el problema está en que soy humano y por ende sujeto a todas las vicisitudes, penas y desgracias que todos los demás, tal vez es que no soy indestructible, intachable, incansable, el mejor versado o la persona que se necesita para el trabajo encomendado. Tal vez solo es que una golondrina no hace verano. Y las aves que revolotean en el espíritu se percharon hasta que el calor de la inspiración las caliente nuevamente.

Pero suficiente de mirarme el ombligo, tienen que ver hacia adelante. La misión sigue siendo la misma, disfrutar las aves todo lo posible y crear conciencia entre las personas que viven entre ellas. Existe aún un caballo fiero que puede cargar hacia el atardecer en búsqueda de nuevas victorias, de horizontes magníficos y así recuperar los derroteros construidos. La pregunta entonces es quien será ese jinete, ese líder que tenga la entereza para librar la batalla. Busquen en sus corazones y busquen entre los suyos, la lucha no se acaba por la muerte de un combatiente, a este se le llora por nueve días comiendo tamales y de ahí la conflagración sigue.

Si les recuerdo y les exhorto, las batallas no las gana un solo héroe, es un grupo de valientes donde cada uno brinda su espada, su astucia, su fuerza o su inteligencia para lograr un objetivo común. Un solo jinete nunca podrá lograr las aspiraciones de las masas y los sueños de sus seguidores. Un héroe luchando contra el mundo y sus comportamientos terminará solo, triste y con una brújula moral tan averiada que marca hacia cualquier parte menos donde tiene que volar las golondrinas.

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