La Inolvidable historia de Accipiter Moses. Chapter III

Ilegalidad precoz…Los expedientes

Como se ha mencionado, Accipiter Moses no fue diestro para los deportes, muy posiblemente por que eran actividades grupales, pero siempre tuvo el gusto por la bicicleta y en ella visitaba áreas cercanas a su casa en busca de alguna distracción. Fue en esos días en que tendría unos 14 años en que conocí a un Accipiter particularmente industrioso y con dinero no apto para alguien tan pequeño, esto fue algo evidente, pero ignoré el evento.

Resulta que Accipiter en su rebeldía se había convertido en trasegador de droga sin darse cuenta. Inocentemente en su bicicleta hacia las rondas de aquí a allá sin preguntarse que habrían dentro de los paquetes en su mochila. Es posible que alguna vez se lo haya preguntado, pero Accipiter siempre fue su propio dueño. Un mal día para el, fue requerido por las autoridades que tenían algún tiempo de estar dilucidando la operación y siendo los policías lo que son le dieron a Accipiter Moses una salida. Estas consistían en trabajar para ellos o sufrir las consecuencias en una correccional juvenil por un tiempo algo prolongado.

Accipiter pensó, si la escuela es espantosa, la carcel ha de ser al menos el doble de feo. Así que tomó la primera opción sin darle mayor análisis. Fue aquí en ese momento a las 4 de la tarde de un martes de agosto  frente al mercadito del “muco” donde se definió la realidad de años enteros de nuestro amigo. En sus palabras años después “Fueron 6 años tirados a la basura en tantos aspectos…y los años subsiguientes fueron consecuencia de todo el fracaso original”. Sentí su dolor ese día y todos los años después, cada día.

Pero, extrañamente y es aquí donde me pregunté por primera vez acerca de la “sanidad mental” de Accipiter, lo miré contento, sonriente, con una mirada terriblemente decidida a todo. Y con el tiempo entendí que pasó. Accipiter tenía familia.

A sus cortos 15 años, Accipiter Moses fue asignado a vigilar y reportar actividades de pandillas juveniles, por lo que para tal efecto tuvo que agenciarse los medios para hacer amigos dentro de este grupo “antisocial” y fue ahí que encontró a un in-numberable grupo de jóvenes con sus mismos temores, acosados por la soledad, la incomprensión y la necesidad de tener a alguien. No está de mas decir que entre todos se adoptaron y formaron un núcleo fuerte, indisoluble, eterno.

Aquí Accipiter aprendió acerca de la lealtad, aprendió del amor y tuvo su primera novia, conoció lugares espantosos y como en medio de la desgracia y la miseria las sonrisas son cosa común, aun mas frecuentes que en condiciones de opulencia. Accipiter aprendió el valor de la mitad de una tortilla compartida con alguien que daría la vida por el y que el gustosamente la daría con tal de poder compartir nuevamente una tortilla.

Pero en medio de la familia, hay violencia y en ningún otro grupo hay más violencia como en la mara, en aquellos días las maras eran el sine qua non de las actividades ilícitas y Accipiter fue parte de muchas, convencido que estaba con su verdadera familia, pero secretamente traicionándoles por su relación con las fuerzas del orden. Por lo que sus jefes al ver que esto sucedía optaron por cambiarlo de rol, dado que no estaban dispuestos a perder la oportunidad de tenerle ahí.

Fue reasignado a algo que realmente nunca supo que fue, siempre me decía “hacíamos cosas complicadas, bien elaboradas con mucho presupuesto y montón de gente de bien arriba”. Aquí me di cuenta que esto no era un juego ya.

Una tarde Accipiter llegó a visitarme y contarme algo, en ese momento pensé que sería algo que tuvo que suceder en el colegio o alguna pelea con su novia, de la cual estaba locamente enamorado y atrapado en un mundo más pues no podía contarle de sus diversas actividades extracurriculares.

“Amigo” me dijo “tengo que confesarte algo”. Al ver sus ojos dilatados supe que algo estaba mal. “hoy maté a un señor” me dijo. Sentí el espinazo frío como un cuchillo. “Yo pensé que solo estábamos haciendo un reconocimiento, pero cuando me dieron la orden de disparar lo hice y lo maté”. “Accipiter por que me estás contando eso” le pregunté. “No lo se, estoy confundido”. La espiral descendiente no tiene final.

Lo que pocos saben es que en esos instantes entre la orden de fuego y el reconocimiento Collin platicaba con Accipiter y le preguntaba “que vas a hacer, no tendrías los guevos, solo sos aquel niño temeroso, ¿Que vas a hacer cuando la cosa sea de verdad?”. Cuando la verdad llegó fue real.

Accipiter intentó convencerse de que todas las cosas que hizo o haría eran parte de una estrategia más grande de mantener al país seguro de algo que nunca supo definir pero que estaba latente en el corazón de todos sus habitantes. Y así soportó la cruda realidad de ser un hombre de 16 años envuelto en asuntos que personas del doble de su edad no soportan, y lo irónico es que todas las veces que pidió ayuda a los suyos nadie lo pudo entender…y la única persona que pudo haber entendido su sufrimiento, Accipiter no tuvo el valor de decirle por temor a perder su amor.

6 años pasaron desde el inicio de los expedientes hasta el momento que Accipiter comenzó a cerrar esa historia, en el proceso perdió a la persona a quien amó, perdió su inocencia, perdió la razón, perdió todo….menos la vida, al final en ese aspecto fue un vencedor. Y en esa premisa intentó recuperar todo el tiempo perdido, recuperar a la mujer que amó, recuperar la inocencia haciendo cosas de muchacho a los 20´s….lo intentó todo y no pudo recuperar nada.

Collin se fue, nunca regresó, “tal vez solo era parte de crecer, tal vez nunca existió, tal vez no se” me dijo recientemente Accipiter Moses.

18 años después de los expedientes Accipiter sigue perdido en su soledad, persiguiendo los fantasmas de su pasado, los amigos que murieron en sus brazos. Las risas y las tortillas compartidas con su familia verdadera, la acelaración del crimen, el falso sentido de justicia. Los besos y las caricias de la mujer que amó y que amará hasta el fin de todas sus existencias futuras y pasadas. Enamorado de instantes fugaces, de porvenires mas verdes.

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