Los Escuadrones Parte 2

Una tarde del año 2000, Joaquín fue interceptado por sus compañeros de trabajo al salir de clases en la Universidad. “El Jefe nos quiere ver” Dijo Federico quien era muy buen amigo de Joaquín.

Aparentemente como le fueron explicando en el camino, unos tipos habían secuestrado la hija adolescente de un oficial de la policía de un rango no tan alto pero tampoco tan bajo. La misión de esa tarde sería capturar a los responsables y posteriormente avisar al oficial en cuestión el cual estaría pendiente.

Desafortunadamente la niña fue asesinada un par de días antes previo a ser violada repetidas veces según estimó el reporte forense, pero para tranquilidad de Joaquín, Federico y los demás, los cuatro responsables estaban en donde les dijeron que estarían en las afueras de Tegucigalpa.

Después de una corta refriega y un secuestrador herido, la situación pasó al control del equipo de Federico y fue a Joaquín quien cayó la responsabilidad de avisar y dar el visto bueno.

Las órdenes posteriores consistieron en hacer que el arresto pareciera legal y sacaran a los cuatro tipos de la casa y los llevaran en ruta hacia la carretera de Olancho, pero que antes de eso enviaran a alguien a conseguir un par de palas.

Siendo obedientes, siguieron las instrucciones y en el trayecto hacia Olancho fueron reconocidos por el oficial de policía el cual les indicó seguirlos por una calle alterna de tierra que llevaba a una aldea en ninguna parte. Llegados a una propiedad que parecía ser del oficial, bajaron todos del auto, los secuestradores fueron ordenados cavar cuatro agujeros en el suelo mientras el oficial bebía de un Flask lo que aparentemente era ron por el sabor que dejó en los labios de Joaquín.

Cuando terminaron los agujeros, el aire podía cortarse con la mano ya que todos estaban concientes o tenían una idea de que es lo que iba a pasar, uno de los secuestradores comenzó a llorar y pedir perdón diciendo que el no tocó a la niña. Nada inmutó al verdugo.

Joaquín! ” dijo el policía “escoge a uno“. Este creyendo que era un juego dijo “El pelón pues” e inmediatamente una bala de nueve milímetros partió en dos la cabeza sin pelo de ese joven.

Joaquín! dame otro” gritó el policía y en la oscuridad Joaquín pudo ver los ojos inyectados en furia y tristeza de aquel profesional de la policía mientras sostenía el arma en su mano. Con voz algo temblorosa y mas asustado que otra cosa, Joaquín no tuvo otra opción mas que escoger uno por uno hasta que los cuatro secuestradores cayeron al abismo de la muerte.

Terminada la funesta labor de venganza, el oficial de policía se dio la vuelta y abandonó el sitio sin mediar mas palabra que “arreglen ese vergueo q quede limpito“. Para los que aun no entendían el propósito de los agujeros, en aquel momento fue claro y dispusieron a depositar los cadáveres en sus respectivos agujeros, tapando y haciendo la escena parecer como cualquier otra cosa menos una ejecución sumaria e ilegal.

En aquellos días la justicia fue administrada de esa manera en diversos lugares y por circunstancias diversas.

Joaquín y Federico en el camino de regreso a Tegucigalpa concluyeron de que aquello solo sería el principio de una larga cadena de sucesos que llevarían a sus muertes.

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