Rondalo el Vendedor de Felicidad y Pollos

Basada en hechos severamente reales o tristemente basada en la realidad

Luís Yoni en algún momento de su vida decidió que conocería el mundo entero ya que nunca fue dado a las tarjetas postales y sus atractivos paisajes, sin mencionar que aborrecía recibir las mismas por considerar de mal gusto envíar un papel que dijera frases como “ojalá estuvieras aquí”.

Así que en su eterno afán de conocer todo lo que existió y existiría, tomó Luís Yoni camino por el planeta y en uno de sus viajes llegó a una isla tropical poblada de seres de piel oscura y pensó que si los Zanates algún día evolucionaran a primates seguramente se convertirían en aquellas criaturas bípedas de hablar gracioso.

Siendo este una persona dotada de una naturaleza curiosa que compensaba terriblemente su falta de sentido común, se acercó a uno de los locales a preguntarle si existía alguna razón de tal oscuridad en su estilo de vida. Curiosa fue la respuesta de aquel negro de proporciones titánicas el cual más parecía una pared embarrada de hoyin.

Ya te digo Bra, yo me fuí pa´New York pero me deportaron por vender crack y ahora estoy aquí de nuevo.- le dijo el homínido de color nocturno.

No satisfecho con la respuesta, Luís Yoni intentó otra estrategia con la cual pensó podría sacar  respuesta mas oportuna.

 –Me llega Chele– dijo Luís Yoni –¿Y vos como te llamás?

Rondalo Bra, me iba a llamar Rolando pero alguien la cagó…

Dadas las introducciones necesarias, fue poco el tiempo necesario para que estos dos astutos personajes entablaran una fina y profunda conversación sobre las necesidades mas triviales de la existencia.

 -…y cuando me deportaron fui a dar a Honduras y trabajé dos años vendiendo pollos asados enfrente del aeropuerto

Aquella pollera en donde Luís Yoni degustó alguna vez esas pequeñas aves de intelecto tosco y sabor atroz, pero muy apetecidas por los bucólicos borrachos que las frecuentan. Solo recordar el horno giratorio le hizo pensar en una rueda de Chicago del infierno en donde los inocentes pollos pagaban una pena en la eternidad por picar conchas de maiz de las ponecas de la gente.

-…cada vez que llegaba otro negro Bra, lo corría por q yo tenía que ser “el negro” de la pollera del aeropuerto.

Viendo que el asunto no marchaba a su favor y aun no lograba dilucidar el porque del color cenizo milenario de fogón de leña de su interlocutor, Luís Yoni optó por traer la conversación al presente para ver si en el hoy estaba la verdad en vez de el ayer, pero tarde cayó en razón de que aquellos que no aprenden del pasado están condenados a revivirlo eternamente.

 –Y ahora Rondalo, a que te dedicás, cual es tu misión en la vida– preguntó Luís.

Bra– le dijo a través de una dentadura más blanca que los pañales del niño Jesús –Yo me acuesto con las turistas y con eso compro la comida

Esta confesión hizo que Luís Yoni tragara en repetidas ocasiones de una manera rápida, pero al llevar su razonamiento lógico hasta los límites de su capacidad cayó en cuenta que se refería a las turistas mujeres, por lo cual descansó de su tribulación y dejó de temer por su dignidad. Pero había cierta incomodidad en la manera que este individuo se ganaba el pan de cada día.

Pensó que las proezas intelectuales de Rondalo se limitaban a asar pollos e intimidar a aquellos de su misma especie, pero de alguna manera lograba satisfacer en los juegos de la carne a aquellas turistas que deseaban un contacto certero con la región que iba más alla de disfrutar los atardeceres.

Rondalo, ¿Y eso como?– preguntó el curioso y confundido trotamundo.

 Rondalo al verle quedó con una expresión parecida a la de los perros cuando se les silba alguna tonada interesante.

 –Pues fácil Bra– contestó este yéndose por lo básico y simple –Te acostás con ellas y hacés lo tuyo hasta que quedan contentas

Era tan simple que a la vez ningún ilustrado sabio de Mesopotamia podría resolver aquella intriga de concupiscencia aplicada a la sobrevivencia de la especie.

-Pero hay algo que me entristece– continuó exclamando el vehemente gorila –a muchas les hieden los sobacos-.

Creo que alguien que se dedica a fornicar con turistas por comida no tiene mucha opción a detalles– dijo Yoni.

Hay que tener dignidad– replicó severamente Rondalo.

Y al ver su próxima comida acercándose, Rondalo se fue a través del sopor del calor de mediodia y dejó a Luís Yoni profundo en contemplación sobre los hechos de aquel día y las repercusiones de Rondalo sobre las axilas de alguna afortunada turista.

Caminando por la isla antes de abandonarla observó una pequeña tienda de souvenirs y pensó “Rondalo nunca estará en una postal a pesar de que es un atractivo turístico para muchas”.

 Y así continuó Luís Yoni recorriendo parajes indómitos y senderos llenos de criaturas caprichosas, a donde lo llevaría el viento de sus velas, solo las corrientes lo sabrían.

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